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Creció la semilla y se convirtió en un arbusto
Meditación al Evangelio 27 de octubre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Siempre me ha impresionado la belleza de las artesanías que las manos de nuestros indígenas elaboran con tanto esmero. Lo que más me sorprende es que con frecuencia lo hacen de materiales que por mucho tiempo se consideraban inútiles: la paja, el barro, los desechos de tejidos e hilados, y muchas otras minucias que se desperdiciaban.

Al escuchar el relato de Jesús sobre cómo se hace y crece el Reino de los Cielos pienso que nos obliga a considerarlo como algo semejante. Lo pequeño, lo cotidiano, lo despreciable va creciendo poco a poco hasta manifestarse como una obra de arte.

El mismo Jesús siguió este proceso: se hizo pequeño e irreconocible, pasó desapercibido gran parte de su vida, pero después empezó a predicar su Evangelio, a realizar sus milagros, hasta ser exaltado por el Padre. A nosotros nos cuesta empezar desde abajo, a nosotros nos desalienta que sean pocos y pequeños nuestros recursos. Sin embargo, así se construye el Reino de Dios y Jesús nos da a conocer este camino. Quizás San Lucas al mirar sus comunidades tan pequeñas en medio de las imponentes potencias romanas o de la deslumbrante sabiduría de los griegos, insiste en el ejemplo de Jesús. El ejemplo es atrayente.

De todos era conocido el grano de mostaza, la más pequeña entre las simientes, sin embargo, aunque nace pequeña e insignificante, crece y se convierte en arbusto en el que anidan y se cobijan las aves del cielo. Así Jesús destaca la fuerza de lo pequeño, Él mismo se hizo pequeño, vivió entre los pequeños y construyó desde lo insignificante. Nosotros estamos fascinados por lo grande, nos entusiasmamos por la majestuosidad de las grandes construcciones.

Queremos figurar en proyectos vistosos y apantallantes. Jesús nos invita a lo contrario: la acción pequeña diaria, la gotita de agua que nunca deja de caer, la levadura que logra fermentar la masa. Pero para que todo esto suceda se tiene que estar ahí, morir un poco cada día, amar y continuar amando, como la semilla pequeña, como la levadura. ¿Seremos capaces de construir así el Reino?










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