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Todos los cabellos de su cabeza están contados
Meditación al Evangelio 16 de octubre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Cuando escuchamos estas palabras de Jesús seguramente nos quedaremos pensado lo difícil que es encontrar el verdadero equilibrio: no hay que temer al que mata el cuerpo, pero sí hay que temer al que mata al alma; debemos sentirnos protegidos y cuidados de Dios, pero debemos tener una gran claridad para no caer en hipocresías y oscuridades.

Para Jesús está todo muy claro. De ninguna manera se puede vivir en la hipocresía porque daña a los hermanos, porque  nos deshumaniza y porque a fin de cuentas también nos daña a nosotros mismos ya que  hacemos una caricatura de nuestra persona.

Con cuanta razón condena el Papa Francisco los chismes que destruyen la comunidad. No es fácil en este tiempo en que se le da una gran importancia a las relaciones y donde las apariencias van sustituyendo el verdadero rostro de las personas. Pero precisamente a ello nos invita Jesús: si nos sabemos amados y protegidos por Dios, si ponemos en Él nuestra confianza, podremos prescindir de estas ambigüedades que nos ofrece la sociedad.

En ningún momento la invitación de Jesús es a despreocuparnos de nuestras obligaciones de trabajo, ni a abandonar nuestras responsabilidades como miembros de una familia y de una sociedad. Pero nuestro esfuerzo lo debemos hacer con la seguridad y la responsabilidad que nos da el sabernos hijos de Dios y confiados en sus manos.

En estos tiempos de violencia quizás estamos muy preocupados por los que matan el cuerpo y con frecuencia se nos dan indicaciones de cómo prevenir un asalto, un secuestro, y a pesar de eso no nos sentimos seguros. Pero, sin descuidar esto, también debemos temer y preocuparnos por esos otros “enemigos” que pueden matar el alma y que pueden llevarnos a la perdición. Quizás por estar tan preocupados por las situaciones de violencia hemos ido descuidando esas normas fundamentales que hacen la base de una familia: el amor, la sinceridad, la ayuda… y hemos dejado entrar en la casa: la mentira, la hipocresía y el egoísmo.



Nos preocupamos de los que matan el cuerpo y dejamos que entren en casa los que matan el alma ¿Cómo podemos seguir las palabras que hoy nos ofrece Jesús?








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