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Si yo expulso a los demonios con el poder de Dios, eso significa que el Reino de Dios ha llegado a ustedes
Meditación al Evangelio 9 de octubre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



A quien actúa en nombre de Dios con frecuencia le acontece lo mismo que a Jesús: no es bien comprendido. Ya decía un escritor que si hablaba de pobreza y de lucha contra injusticia, todo mundo le aplaudía; pero si se juntaba con los pobres y exigía un pago justo para los asalariados, lo llamaban comunista.

Así le ha pasado también con algunas personas a nuestro querido Papa Francisco, pero son consecuencias de vivir el Evangelio. Jesús supo del conflicto, vivió el conflicto sobre todo porque estuvo cerca de quienes sufrían y eran considerados pecadores.

Pocos reclamarían a Jesús que hablara contra el demonio, como en aquel tiempo se entendía, pero que hiciera milagros en que se expulsara al demonio, casi nadie podía entenderlo. Y lo que le reclaman a Jesús no es tanto el que haga estas expulsiones, sino que le cuestionan la raíz de su poder.

Siempre descalificando a Jesús, siempre cuestionando sus milagros, sus opositores esperan ganar algo o que no sea cuestionada su autoridad. Sin embargo, Jesús habla claramente que estos son signos de que el Reino ha llegado, que es más fuerte que el mal y que es señal clara del poder de Dios.

Esta es la misma señal en nuestros días: debemos desterrar todo lo que pertenece al demonio. Quizás no nos guste mucho decir que son cosas del demonio, pero miremos y seamos sinceros al reconocer que toda injusticia, mentira y corrupción son tentaciones y obras del demonio. Quizás no las llamemos con este nombre, pero es una realidad que mientras existan estas desviaciones que oscurecen el Reino no podremos decir que Dios está actuando en medio de nosotros.



La solidaridad de Cristo con todos los hombres logra la expulsión de los demonios. Al hombre en pecado lo rescata y le devuelve nueva vida.

Cuidemos esta vida y no nos enredemos en las patrañas del maligno que, ante la renovación y pureza que nos da Cristo, nos invita a regresar a casa solamente para caer en situaciones peores que las de antes. Atención: Cristo trae la salvación, cuidemos hacerla nuestra y mantenernos firmes en su presencia. 








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