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Te seguiré a dondequiera que vayas
Meditación al Evangelio 30 de septiembre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



¿Cuántas personas buscaron seguir a Jesús? San Lucas nos muestra un breve repertorio de lo que seguramente sucedería en torno a Jesús. Al mirar sus milagros, al escuchar sus enseñanzas, al contemplar a este Jesús que se manifiesta misericordioso y compasivo, seguramente no faltaría quien se entusiasmara por querer seguirlo. Pero Jesús es muy claro y no “endulza” la realidad para quien está dispuesto a seguirlo.

Tres condiciones aparecen como básicas detrás de estos sencillos relatos. La primera es el desprendimiento. Quizás muchos subyugados por lo espectacular de los milagros están dispuestos a seguir a un Mesías que les solucionará todos sus problemas económicos y materiales, amén de conseguir un poco de fama en esta empresa. Jesús no tiene donde reclinar la cabeza y su reino no se basa en las promesas materiales. Desapego del corazón y coherencia en el seguimiento exige a quien lo quiera acompañar.

En la segunda narración podemos percibir el ofrecimiento de Jesús de formar una nueva familia. No es que Jesús rechace los lazos familiares, pero estos lazos no deben atar a un pensamiento y a un actuar anquilosado en la antigua ley. De ninguna forma está exigiendo Jesús un rechazo o abandono de la familia, pero si propone una libertad y una nueva relación con su nueva familia nacida de la escucha y cumplimiento de la palabra.

Finalmente, también propone una decisión firme y sin vacilar. No se puede volver la mirada hacia atrás. Es muy común entre nosotros encontrar personas entusiasmadas por el Evangelio, que abren el corazón y deciden entregarse a vivirlo en plenitud. Pero con frecuencia vamos uniendo a esta decisión una mezcla de intereses materiales que van oscureciendo nuestra decisión.

Al confrontarnos con nuevos criterios tanto en las relaciones familiares como en la coherencia entre la vida y la fe, nos vemos tentados a abandonar nuestra decisión. No son pocas las veces que se hace una especie de acoplamiento y se reduce la radicalidad del Evangelio para acomodarlo a los propios intereses y cadenas que nos atan.



Seguir a Jesús es exigente en aquellos tiempos y también hoy. Comparta un compromiso serio de vivir al estilo de Jesús, dejando los valores que propone la sociedad, asumiendo una nueva familia que se abre a todos los hombres y sosteniéndose coherentes en la vida con la opción que hemos elegido.








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