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Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica
Meditación al Evangelio 22 de septiembre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



María, la discreta María, que sigue de cerca a Jesús pero que pasa desapercibida, ahora es colocada en el centro de la discusión. ¿Cuál es la relación de la familia con Jesús? Ya podremos imaginar la tradicional familia judía con sus múltiples relaciones, con sus invaluables apoyos en la educación, pero también con sus estructuras que atrapan y que impiden ciertas libertades.

Jesús siempre aparece libre, también de los lazos familiares que atan o impiden el crecimiento. Trato de imaginar la cara de sorpresa de María cuando escucha la sentencia de Jesús: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”. ¿Estará Jesús negando los lazos sanguíneos? No los niega, pero no se ata a ellos.

Cristo nuevamente se nos muestra completamente libre. Rompe las estructuras que atan y les da una nueva valoración. La nueva familia de Jesús no se circunscribe sólo a la sangre, sino que se abre a la universalidad que nos trae el Espíritu.

Los nuevos “lazos” son la escucha de la palabra y la práctica viva que ella suscita. Así María, que podría aparecer como menospreciada por las palabras de Jesús, aparece resplandeciente en su sencillez al aceptar la Palabra y hacerla Vida. Todo su camino es camino de aceptación de la palabra y una apertura a esa “nueva familia” que Jesús hace brotar. Su camino llega al culmen en el Calvario.

En la cruz, cuando Cristo sufría en su carne el dramático encuentro entre el pecado del mundo y la misericordia divina, pudo ver a sus pies la consoladora presencia de la Madre y del amigo.



En ese crucial instante, antes de dar por consumada la obra que el Padre le había encargado, Jesús le dijo a María: “Mujer, ahí tienes a tu hijo·. Luego le dijo al amigo amado: “Ahí tienes a tu madre”.

Estas palabras de Jesús al borde de la muerte no expresan primeramente una preocupación piadosa hacia su madre, sino que son más bien una fórmula de revelación que manifiesta el misterio de una especial misión salvífica.

Jesús nos dejaba a su madre como madre nuestra. Así María engendra a Cristo, y así se hace madre de la Iglesia. Con María escuchemos la palabra y vivamos la fraternidad en esta nueva familia, la familia de Jesús.








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