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Lo que cayó en tierra buena representa a los que escuchan la palabra, la conservan en un corazón bueno y bien dispuesto y dan fruto por su constancia
Meditación al Evangelio 19 de septiembre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Señor, tus explicaciones de la parábola de la buena semilla hoy llegan hasta mi corazón y me hacen estremecer. ¿Cómo no temblar al saber que has tenido tan gran magnificencia que a pesar de ser yo un terreno de camino, donde todos pisan, donde todos pasan, donde los pájaros se llevan lo bueno, te arriesgas a sembrar tu palabra?

El diablo, vestido de diversiones, fantasías, nuevos intereses, amenaza con llevarse hoy tu palabra, tu buena semilla. Mírame, rómpeme para que pueda penetrar tu palabra a lo profundo de mi corazón. Es cierto que otras ocasiones he escuchado tu palabra con mucha alegría, pero también es cierto que a la hora de la prueba no la he dejado enraizar, que la acepto superficialmente porque tu palabra compromete, exige, y yo no soy dado a hacer compromisos.

Poco me dura el gusto y a las primeras tentaciones, a las primeras dificultades, me hago disimulado y olvido tu palabra. Aunque la recuerdo con gusto, pero no soy capaz de aceptar compromisos.

Quita las piedras de mi orgullo y mis malas aficiones, quita las piedras de mis envidias y mis rencores, dale profundidad a tus palabras para que me puedan dar verdadera vida.

Tus explicaciones de la tercera tierra también me tocan directamente: las espinas de mi afán de riquezas y placeres, mi egoísmo y la búsqueda de mi mismo, han ahogado con frecuencia la Palabra que un día había recibido con gusto.



¿Podrías limpiarme un poco y quitar de este campo todas esas espinas que ahogan la vida, la generosidad y el servicio? Señor, también tengo que reconocer que a veces he sido tierra buena, no con tanto mérito mío, sino con tu gran misericordia.

A pesar de mis miserias he encontrado frutos buenos en mi vida y cómo me he gozado con tu presencia. Señor, aquí tienes mi tierra, aquí tienes mi vida: sigue sembrando tu Palabra en mi corazón, porque si Tú siembras nunca se acabará la esperanza.








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