Menu


Sus pecados le han quedado perdonados, porque ha amado mucho
Meditación al Evangelio 17 de septiembre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



A través de todo el evangelio de San Lucas encontramos, como en ningún otro, una relación muy especial de Jesús con los pobres, con los marginados, con las mujeres, pero en especial, con todos los pecadores. Todo esto, en contra de un pueblo cuya mentalidad y tradición marginaba de una forma fortísima y hasta humillante a quien consideraban contaminado, impuro o pecador.

No podrían ver jamás con buenos ojos que una mujer pecadora y considerada de mala fama se acercara a Jesús y tuviera esas familiaridades que ni el propio dueño de la casa había tenido. Juzgamos nosotros muy duramente al fariseo, pero pongámonos en su lugar y creo que no sería muy distinta nuestra forma de pensar y de juzgar.

Es más, con frecuencia sucede en nuestros círculos que, a personas, ya no digamos de dudosa reputación, sino simplemente que las consideramos sospechosas, les hacemos el vacío y las tratamos con indiferencia y lejanía.

A muchos suena escandalosa la actitud y comentarios del Papa Francisco frente a quienes condena la sociedad. Pero sólo sigue el plan de Jesús, que, para manifestar la misericordia del Padre, tiene una actuación muy diferente: reconoce que puede haber pecado e invita al pecador a convertirse, pero no puede condenar a quien ha pecado sin antes haberle dado la oportunidad de una conversión.

Nos muestra a un Padre Dios infinitamente misericordioso que no juzga y que espera la más mínima muestra de amor para conceder el perdón. El hermoso pasaje de este día encierra dos grandes enseñanzas. La primera se refiere a nuestra actitud que tiene que ser de un corazón misericordioso, abierto a los demás, capaz de amar y perdonar, que no esté dispuesto a juzgar el pasado de las personas.



La segunda se refiere a nuestra relación con Dios: nunca tendremos mayor pecado que dudar de su amor y misericordia. Debemos reconocer que siempre está dispuesto a otorgar el perdón a quien da muestras de conversión. Por más grande que sea nuestro pecado, siempre será mayor el amor y la misericordia de Dios.

No podemos dudar que nos perdona mucho porque nos ama mucho, pero también a quien mucho se le ha perdonado lo debe amar muchísimo y demostrarlo con sus obras.








Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |