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Ni en Israel he encontrado una fe tan grande
Meditación al Evangelio 14 de septiembre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Frente a un México pesimista y sumido en grave deterioro de valores, en la corrupción y ahora las consecuencias de la pandemia, muchos cristianos han optado por la indiferencia y se han quedado de brazos cruzados. Las lecturas de este día cuestionan seriamente esta actitud mirando a Cristo como nuestra única esperanza y quien realmente nos puede mostrar el verdadero camino.

La fe de un oficial romano, que considera a Jesús capaz de dar salud y vida a su sirviente, abre nuevos horizontes a quienes decimos creer en Él, pero acabamos derrumbados frente a las dificultades actuales. Cristo puede actuar y sigue actuando como lo hizo en aquellos tiempos. Pero Cristo pide, exige, la participación de los cristianos. San Pablo en la primera lectura de este día, habla fuertemente a los Corintios porque si bien participan de la Eucaristía no son capaces de superar las divisiones y las discriminaciones en sus asambleas.

La Eucaristía y el seguimiento de Jesús nos tienen que llevar a un compromiso serio de reconciliación y transformación de estructuras que discriminan y destruyen la fraternidad. Nos dicen los obispos de México: “Los cristianos, confiando totalmente en Jesucristo, y sabedores de la responsabilidad que tenemos de cara al futuro de nuestra Nación, debemos disponernos a colaborar, junto a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, en la construcción de una sociedad más justa y solidaria, que nos permita vivir de acuerdo con las exigencias de nuestra dignidad…

Queremos un México que viva reconciliado, alcanzando una mayor armonía e integración en sus distintos componentes sociales y con sus diferentes orientaciones políticas, pero unificado en el bien común y en el respeto de unos y otros” Siguiendo los mismos sentimientos de San Pablo nos exhortan: “No debemos acostumbrarnos nunca a un escenario de desigualdad social y a una pobreza creciente, como si se tratara de un fatalismo insuperable o un determinismo sin salida.

El problema de fondo está “en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos”. Que este año, nuestras fiestas patrias tengan un gran sentido cristiano y fraternal.










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