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Dichosos los pobres - ¡Ay de ustedes los ricos!
Meditación al Evangelio 9 de septiembre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



La opción por los pobres es uno de los pilares que sustentan la identidad de la Iglesia, sobre todo ahora que, como dijo alguien, “se ha puesto de moda con el Papa Francisco”. Pero no es moda, no es imagen, sino tiene que ser una realidad brotada del evangelio.

Todo el Evangelio es buena nueva, pero las Bienaventuranzas, forman el núcleo que hace diferente la propuesta de Jesús. San Lucas las sitúa en un llano para mostrar a Jesús junto al pueblo, muy cerca de las personas. Presenta cuatro, unidas a los “ayes” o “malaventuranzas”, y nos hace enfrentarnos a la dura realidad de la pobreza, de la miseria, del dolor y el hambre.

Conviene tener muy presente a quienes llama Jesús “felices” y de quienes se lamenta porque podemos estar buscando la felicidad inmediata y olvidarnos de lo que Él valora. Jesús llama “felices y dichosos” a cuatro clases de personas: los pobres, los que pasan hambre, los que lloran y los que son perseguidos por causa de la fe. Y se lamenta y dedica sus “ayes”, que algunos llaman maldiciones, a cuatro clases de personas: los ricos, los que están saciados, los que ríen y los que son adulados por el mundo.

¡Qué diferentes son nuestros valores y conceptos! Es muy distinta la ambición y la motivación del hombre actual, o quizás del hombre de todos los tiempos. Y nosotros ¿dónde estamos? ¿Dónde ponemos nuestra felicidad? Jesús desestabiliza la escala de valores que predomina en la sociedad. Las bienaventuranzas expresan un radical cambio en los valores que la presencia del Reino pide.

Es más, son signo de la presencia de ese Reino: proclaman la llegada de las promesas mesiánicas. Quien dice sí a Jesús encuentra el gozo de sentirse amado por Dios y se hace participante de la historia de la salvación juntamente con los profetas y con el mismo Jesús.



Alguien me ha preguntado cómo puede ser feliz una persona siendo pobre. Es difícil responder con teorías. Yo los invito a contemplar a Jesús. Yo creo que Jesús es inmensamente feliz y sin embargo es pobre. Las bienaventuranzas que proclama están íntimamente unidas a su persona y son la manifestación de que se puede ser realmente feliz. Las bienaventuranzas no están separadas de quien las ha pronunciado. Si Él nos dice que son felices los pobres y quienes tienen hambre, es porque Él es feliz y quiere hacernos participes de su misma felicidad. ¿Dónde ponemos nosotros el corazón?








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