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No te digo que perdones siete veces, sino hasta setenta veces siete
Meditación al Evangelio 13 de agosto de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Unos de los más graves problemas que afronta nuestro mundo actual es la migración. Todos los países, de una u otra forma, sufren por este fenómeno. Grandes masas en búsqueda de mejores condiciones de vida, por problemas sociales, políticos o económicos, abandonan sus lugares de origen. Las situaciones se vuelven difíciles y salen en busca de nuevas oportunidades.

Hemos visto con escándalo y angustia como miles de niños centroamericanos se han lanzado en condiciones infrahumanas en búsqueda de sus familiares o esperando una mejor vida. Los países receptores con frecuencia los ven como una amenaza y no son raras las veces que se adopta una actitud agresiva y discriminatoria como si los migrantes fueran delincuentes.

Mucho se han discutido las leyes que se tratan de imponer en contra de los migrantes. Las protestas y descalificaciones no se han hecho esperar. Pero no se trata solamente de una ley, sino de una actitud que se adopta frente al hermano necesitado. Tendremos que cambiar tanto al exterior como al interior la actitud frente al migrante, se necesita descubrir las razones de la migración y ofrecer alternativas.

La primera lectura de este día nos presenta al profeta haciendo un agujero en la muralla, y saliendo simbólicamente de la ciudad, en señal de destierro. La razón: el pueblo no ha escuchado ni vivido la alianza que había pactado con Dios. La migración es síntoma de unas estructuras que no satisfacen las necesidades del pueblo.

La emigración forzada, la búsqueda de trabajo, explotación infantil, la trata de blancas, la venta de órganos, la fuga de cerebros, el señuelo de una vida cómoda… son sólo algunos aspectos de este grave fenómeno. Se necesita hacer conciencia para lograr mejores condiciones en nuestros pueblos de origen para que no se ven obligadas las familias a buscar otros caminos.



Se tiene que denunciar las injusticias y discriminaciones que sufren los migrantes que van de paso, se tiene que procurar la alimentación y las condiciones de una vida digna para cada uno de ellos… Miremos hoy a Cristo, peregrino y migrante, y pensemos qué más podemos hacer en conciencia tanto en nuestros pueblos, como con los migrantes que pasan o los que ya se encuentran en los lugares de destino.

Mirar en cada uno de ellos a Cristo que camina.








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