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¿No es éste el hijo del carpintero? ¿De dónde, pues, ha sacado esa sabiduría y esos poderes milagrosos?
Meditación al Evangelio 31 de julio de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



El evangelio de este día nos cuenta el regreso de Jesús a su tierra. Uno esperaría que el recibimiento fuera extraordinario y sus paisanos lo aclamaran y aceptaran con júbilo sus palabras pues, con todo, es un miembro de una pequeña comunidad a la que le ha dado brillo y renombre. Sin embargo, sucede todo lo contrario: al escoger Jesús anunciar su evangelio desde la pequeñez y desde lo humilde, sus mismos paisanos son incapaces de reconocerlo.

Le sucede lo mismo que a Jeremías en la primera lectura: por no predicar lo que ellos esperan se gana su hostilidad. Ellos esperarían un Mesías victorioso y poderoso, en cambio la persona de Jesús es en todo igual a cualquier hijo de vecino, lo conocen desde pequeño, recordarán episodios de su infancia y habla como ellos.

Es cierto ahora predica un evangelio con una autoridad que no le conocían… pero la cercanía que ha tenido con ellos los hace dudar. Un gran misterio es la libertad. Ante los mismos prodigios hay quienes reaccionan con gran fe y entusiasmo y hay quienes ponen todas las objeciones y se niegan a aceptarlos. “Se negaban a creer en él”, es la triste realidad que comprueba san Mateo.

Se necesita tener el corazón dispuesto para descubrir a Jesús a través de los acontecimientos más pequeños, se necesita tomar las actitudes de los niños que se maravillan ante los prodigios, se necesita tener la sabiduría de los simples y humildes para captar la grandiosidad del misterio. Sus paisanos no están dispuestos a hacerlo y buscan excusas que los liberen de la responsabilidad.

Hoy también nosotros podemos caer en estas mismas artimañas para excusarnos de nuestro compromiso. Hoy también podemos decir que el evangelio es proclamado por personas ignorantes, hoy también podemos decir que no vemos los milagros, hoy también podemos cerrar el corazón. “Jesús no hizo muchos milagros allí por la incredulidad de ellos”, constata el evangelio.



El primer paso para recibir a Jesús es tener el corazón dispuesto. En este día seguramente tendremos oportunidades para encontrarnos con el Señor, no las desperdiciemos por parecernos muy familiares. Hoy el Señor nos hablará, no hagamos oídos sordos por provenir el mensaje de personas o situaciones sencillas. ¿Estamos dispuestos a recibir a este Jesús cercano, sencillo y muy nuestro? 








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