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Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?
Meditación al Evangelio 22 de julio de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Hoy celebramos la fiesta de Santa María Magdalena. En cierta ocasión pregunté a un grupo de personas quién era Magdalena. La mayoría de los presentes respondió que era una pecadora que se había convertido por el amor de Jesús. Y varios escritos e interpretaciones parecen indicar que así fue, pero me llama la atención que nos fijemos más en que era pecadora y no en que se convirtió en la primer testigo de la resurrección del Señor.

Se nos ha quedado grabado su pasado pecaminoso mucho más que el testimonio valiente y decidido que da de Cristo resucitado. ¡Qué fácil es guardar los errores de los demás! ¡Qué difícil reconocer sus aciertos! Y en el caso de una mujer con frecuencia es más notable esta actitud. Todo lo contrario a la forma de actuar de Jesús, echa pronto en el olvido los errores, ofrece la posibilidad de la conversión y confía en la persona para la nueva misión. Hace realidad lo que nos decía el profeta Miqueas: “Arroja a lo hondo del mar nuestros delitos”.

Es admirable la valentía y decisión de María Magdalena después de los acontecimientos de la crucifixión y muerte del Señor. Mientras los apóstoles no aciertan a superar el miedo, la tristeza o el dolor, y algunos de ellos de plano toman la decisión de abandonarlo todo, María Magdalena va al sepulcro e intenta seguir buscando a Jesús. Y como todo el que busca encuentra, ella tiene el privilegio de encontrarse cara a cara con el Resucitado, recibir su consuelo y la misión de llevar mensaje de esperanza y de consuelo a los discípulos.

No ha sido un camino fácil, primero ha aceptado la invitación a la conversión y después ha tenido que recorrer el camino para descubrir el rostro de Jesús. Conforme a la narración, por su tristeza y dolor, no es capaz de percibir a quiénes está preguntando por el Señor. Después confunde al jardinero y no puede ver en su rostro, el rostro del Resucitado.

Enseñanzas importantes para quienes buscamos al Señor: salir de nuestro pecado sostenidos más por la misericordia del Pastor que por nuestras propias fuerzas; hacer de la conversión una experiencia de encuentro. Perseverar en la búsqueda del Señor y convertirnos en testigos de su resurrección descubriendo su rostro en cada uno de los hermanos.










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