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No serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de su Padre
Meditación al Evangelio 10 de julio de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Muchos cristianos del día de hoy se horrorizan al escuchar que Jesús es perseguido y que la Iglesia es cuestionada. Ya las primeras comunidades sufrían persecución y tenían que mantenerse muy firmes en la fe frente a los terribles ataques que recibían tanto del poder romano, como de la cultura griega o de la religión judía.

Para todos era inconcebible la forma en que Cristo había proclamado su buena nueva y la manera como los discípulos ahora la intentaban vivir. Mateo recuerda las palabras de Jesús y nos las ofrece como una preparación para todas estas situaciones. No teman la persecución, no teman el juicio, el Espíritu hablará por ustedes. Pero lo que sí debemos temer y reconsiderar es si la persecución es porque estamos siendo fieles al evangelio de Jesús y mirar si lo que pretendemos construir es el reino.

Si la persecución es a causa del Evangelio o, porque habiendo desvirtuado el evangelio, nos hacemos reos de delitos que se deben perseguir. Otra vez es Oseas en la primera lectura el que pone el dedo en la llaga: “Conviértete, Israel, pues tu maldad te ha hecho sucumbir. Arrepiéntanse y acérquense al Señor diciendo: ‘perdona nuestras maldades’”. Israel ha caído en la destrucción y ha sufrido persecuciones, pero no es a causa de su fidelidad al Señor, sino todo lo contrario: es a causa de sus injusticias y de poner su confianza en “otros dioses”.

El Señor promete salvación, liberación y perdón, con una única condición: el verdadero arrepentimiento. Todas estas imágenes nos ayudarán, por una parte, a cuestionarnos seriamente si somos fieles al Señor; y por la otra, a tener una confianza ilimitada en que, si somos fieles al Evangelio, el Espíritu hablará por nosotros. Pero la clave estará siempre en la fidelidad, no sea que la persecución y el reclamo sean con justa razón por haber contaminado el evangelio.

Hoy más que nunca tendremos que ser precavidos como serpientes para no caer en las redes del mal y sencillos como palomas para seguir depositando nuestra confianza en Jesús, nuestro único salvador.










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