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Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente
Meditación al Evangelio 9 de julio de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Jesús establece para sus discípulos las bases de su misión: les dice a quiénes deben llevar primeramente el mensaje, sin ser exclusivos, les manifiesta el mensaje, sus condiciones y lo que es necesario llevar. Los instruye perfectamente para esa primera misión.

Sorprendente por una parte la sencillez y la precariedad de lo que pueden portar, prácticamente nada, solamente su confianza en Dios. Me quedaba pensando cómo miraría Jesús hoy a nuestra Iglesia y qué recomendaciones nos daría. ¿Estará contento con los resultados de su gran sueño del Reino? ¿Es ésta la Iglesia que Jesús siempre se quiso construir?

Indudablemente que tendremos que estar siempre atentos y en revisión sobre si esta Iglesia es fiel al evangelio de Jesús o si tendremos muchas cosas que se nos han ido adhiriendo en el camino y que han terminado por pesarnos y ser demasiado importantes a tal grado que a veces ¡oscurecen el mensaje!

Nuevamente la primera lectura tomada del tajante Oseas parece ayudarnos a entender mejor el mensaje. A Israel en el camino se le ha olivado lo más importante que es el amor que le ha tenido Dios y por medio de Oseas le recuerda con palabras tiernas: “yo lo amé… le enseñé a andar, lo atraía hacía mí con los lazos del cariño, con las cadenas del amor… yo fui para él como un padre que se inclina hacia su creatura y la estrecha para darle de comer”.

Palabras de un amor que no puede acabar… es la voz del profeta y es la misma misión que tiene Jesús y que confía a todos sus discípulos. Por eso Jesús insiste tanto en lo que es más importante: para hablar de un amor así de grande no se necesitan grandes propagandas ni tampoco muchos presupuestos, se necesita ser testigo de amor.



Muchas veces criticamos a los llamados jerarcas de la Iglesia, pero sin disculpar que también ellos tengan que ponerse en revisión, a todos nos toca examinar cómo estamos siendo fieles a la misión que Jesús nos encomienda. Es drástico en sus exigencias, pero también es magnánimo en su amor. Nos invita a que en cada hogar podamos llevar la verdadera paz y que sembremos la palabra del Reino.

¿Estaremos cumpliendo con esta misión o nos hemos desviado? ¡Revisemos cada cual nuestra forma de evangelizar!








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