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La cosecha es mucha y los trabajadores pocos
Meditación al Evangelio 7 de julio de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Hay proverbios que vienen desde muy lejos y que vuelven a hacerse presentes en cada momento. La primera lectura tomada del profeta Oseas contiene uno de esos dichos, que parecen calcarse en nuestra realidad: “El que siembra vientos, cosecha tempestades”.

Y reclama el profeta al pueblo de Israel su infidelidad, su idolatría, su confianza en sus propias fuerzas y sus sacrificios hipócritas que no están respaldados por obras buenas. ¿Y nosotros? ¿Qué estamos sembrando? Nos quejamos amargamente de todas las expresiones de violencia y de maldad que estamos sufriendo y contemplando cada día… ¿De dónde brotan? ¿Acaso no es eso lo que hemos sembrado? Si quitamos a Dios del corazón de los niños, si les enseñamos a vivir su existencia en el libertinaje, si nos ufanamos de haber superado “los principios morales”, no podemos extrañarnos de que ocurran en medio de nosotros los más horrendos crímenes.

Tenemos que sembrar el amor y la armonía en el corazón de los hombres, si no, nunca podremos superar toda la violencia y la maldad que estamos sufriendo. Cristo hace y propone un camino que nos parece  todo lo contrario a lo que propone el mundo. Expulsa un demonio mudo que le impide a un hombre hablar, recorre las ciudades y los pueblos anunciando el Evangelio del Reino de Dios, cura toda enfermedad y dolencia… mientras nosotros cerramos la boca a quienes pretenden anunciar el Evangelio, nos interesamos solamente por nuestros propios problemas, no queremos molestarnos en buscar caminos del bien para nuestros niños y nuestros jóvenes. Los sentimientos de Jesús al contemplar las multitudes de hoy son los mismos de los que tenía en aquel tiempo, pues ahora también andamos “como ovejas sin pastor”.  

Que retomemos hoy el camino, que nos unamos en oración y que busquemos sembrar el bien en el corazón de todo hombre y mujer que esté a nuestro lado. Que no dejemos que nadie se pierda, que nadie ande solitario en el camino. Que todos puedan sentir la mano amiga de un hermano que los acompaña. Tantos se pierden por soledad y abandono, tantos ansían una mano amiga, o un hombro donde llorar las penas.  








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