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Mi hija acaba de morir; pero ven tú y volverá a vivir
Meditación al Evangelio 6 de julio de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Dos mujeres que han quedado a mitad del camino. La una porque la muerte la ha alcanzado, la otra porque la infertilidad y la hemorragia la condenan delante del pueblo. ¿Qué hará Jesús? La mujer en Israel era considera poca cosa, casi como una de las pertenencias del hombre y si por alguna razón quedaba impura o estéril, su situación se tornaba peor porque eran consideradas, además, fuentes de contaminación para quienes las tocaran. Jesús no teme a las leyes que matan, Jesús supera todos los atavismos.

Se deja tocar por la hemorroisa, y toca a la niña que estaba muerta. Dos acciones que conllevaban la impureza, pero Jesús no solamente las toca, sino que les devuelve la salud y la vida. En nuestros ambientes aún se siente un grave desprecio a la mujer, aunque de palabra se diga lo contrario, y tendremos que aprender mucho de la forma de actuar de Jesús. Su relación con la mujer es siempre de acogida, de ternura y de dignidad. Cuando por alguna razón quien a Él se acerca tiene mayores problemas y descalificaciones, siempre encuentra en Jesús una nueva perspectiva en su vida.

En el hogar, en el trabajo, en toda la vida social, se encuentra la mujer. Tendremos que tener en cuenta unos y otras, esta forma de tratar Jesús a la mujer: ni sirvienta, ni fuente de placer, ni menos, ni más, ni enemigo o contrincante. Una persona de igual dignidad y con igualdad de derechos. En nuestra sociedad machista tendremos que mirar muy de cerca a Jesús. Por cierto, que la primera lectura tomada del profeta Oseas, nos ofrece una de las imágenes más bellas del amor de Dios por su pueblo: el novio enamorado que lleva a su amada al desierto para hablarle “cosas de amor”, para renovar su cariño. Se busca consolidar los desposorios en justicia y en rectitud. Bella imagen del matrimonio entre Dios y su pueblo y gran ejemplo para el matrimonio cristiano.

La búsqueda de renovación y de entrega plena, el encuentro en los lugares para el diálogo y la intimidad, la aceptación del otro para superar los errores, deberán ser ejemplos vivos para los matrimonios actuales. Pidamos por los matrimonios y que cada pareja busque ser espejo fiel del amor de Dios por su pueblo. Y que cada mujer sea tratada y respetada como Hija y templo de Dios.








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