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Ustedes oren así
Meditación al Evangelio 18 de junio de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Es curioso, pero una de las experiencias que varias personas me han platicado en este periodo difícil de pandemia, ha sido descubrir la riqueza de la oración: oración personal, oración con el Papa, oración comunitaria, oración familiar…

Y aunque la mayoría no ha podido acercarse a la Eucaristía, ha descubierto cómo acercarse a Jesús y hubo muchos momentos de oración profunda. Acercarse a Jesús en la Eucaristía no como misterio, o como información, acercarse a Jesús como al amigo que nos puede escuchar, al que podemos contarle nuestras penas y nuestras alegrías, al que podemos decirle nuestras dudas y quedarnos largos ratos con Él en diálogo, será una experiencia necesaria.

Cristo mismo nos lleva por este camino con su ejemplo y con su enseñanza. Hoy, nuevamente, nos acercamos al Padre Nuestro como modelo de oración, y me propongo “rezar” con mucha atención cada una de las palabras, descubriendo su sentido, descubriendo lo más importante para mí en este momento. Quizás habrá alguno que insista en el abandono confiado que supone decir: “Padre”; a otro quizás le convenga insistir en la relación que implica el decir “nuestro”, que nos lleva al reconocimiento del otro como hermano. No faltará alguno que su principal preocupación y lo que quiere compartir con el Señor sea su angustia por el alimento de ese día. Una de las riquezas que nos muestra el Padre Nuestro es la capacidad de dar y recibir perdón. ¿Quién se siente más feliz el que da o el que recibe perdón? Contrariamente a lo que se piensa, la venganza nos trae más intranquilidad y congojas que la satisfacción que pudiera producir.

San Mateo, al concluir la oración del Padre Nuestro, resalta este aspecto del perdón que tanto necesitamos. No podemos vivir en un mundo de violencia, pero no podremos encontrar armonía si no somos capaces de dar y recibir perdón. En nuestra oración de cada día pidamos al Señor que nos conceda ese gran regalo de sabernos perdonados a pesar de nuestras grandes ofensas, que nos sintamos en armonía con Dios; pero también pidamos la gracia de saber perdonar y que pueda estar en paz nuestro corazón.








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