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Amen a sus enemigos
Meditación al Evangelio 16 de junio de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



“La venganza es dulce”, es un dicho que todos hemos escuchado y quizás hasta lo hemos dicho o pensado nosotros. El mal que recibimos con frecuencia no sólo nos hace el daño del momento, sino que se nos queda en el corazón, se encona, crece  y hace daño al corazón. Muchísimas personas viven con resentimientos y amargados por heridas que recibieron desde su niñez y con frecuencia de personas que amaban o que debían amarlos.

El Antiguo Testamento parecería indicarnos que la venganza es buena y aceptable ya que hasta hay frases que se atribuye esa venganza al mismo Dios. ¿Es lícito vengarse? ¿Debemos quedar pasivos ante las injusticias y los agravios? Cristo rompe esta práctica y nos recuerda que sólo el verdadero amor puede romper la cadena de violencia. Ya también en los primeros acontecimientos del Génesis, la Palabra de Dios nos presentaba que la violencia no puede ser solución a la violencia.

Cuando Caín espera una condena por la sangre de Abel, el Señor le dice que nadie lo podrá matar porque recibiría un castigo mayor… es decir, no se soluciona el problema de sangre con más sangre. Jesús nos dice y nos enseña con su práctica que el odio no se puede vencer con el odio, sino con el perdón y el amor. Es fácil amar a los que nos aman, es fácil tratar bien a los que nos tratan bien, pero es difícil perdonar las ofensas, en difícil aceptar a los que se equivocan… y con frecuencia estos están muy cerca de nosotros: nuestros familiares, los vecinos, los compañeros de trabajo, los compañeros de escuela.

Si hay rencores, envidias y venganzas, el ambiente se torna hostil y desagradable. Está en nuestras manos transformar nuestros ambientes y hacerlos armoniosos y pacíficos. El modelo que nos propone Jesús es el mismo Padre Dios que hace salir su sol sobre buenos y malos: nada de adversarios, nada de discriminaciones, nada de venganzas. Es el único camino para romper la cadena de violencia.

Gran ejemplo nos daba en días pasados el Papa Francisco en la búsqueda de paz entre los pueblos invitando a la oración, al diálogo y a la armonía. ¿Seremos capaces de seguir nosotros  también a Jesús? ¿Seremos capaces de perdonar? ¿Seremos capaces de reconciliación?








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