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Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida
Meditación al Evangelio 11 de junio de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



El Papa Francisco continuamente está haciendo referencia a la Eucaristía como centro de la vida del cristiano, pero casi siempre insiste en la clara relación de la Eucaristía con la vida, del compartir el Pan vivo con la exigencia de un compromiso con el hermano. La Eucaristía tendrá mucho sentido si su celebración nos lleva a un compromiso serio por transformar las situaciones de injusticia en oportunidades para la creación de nuevas estructuras solidarias y fraternas.

Escuchamos el pasaje donde Cristo se autodefine como el pan de la vida, el pan vivo. Esta declaración la hace después de haber multiplicado los panes para dar de comer a una multitud hambrienta y contrapone el “Nuevo Pan” al maná que comieron los antepasados en el desierto. Es impresionante la forma de actuar de Jesús que con unas cuantas palabras y con pocos signos, nos enseña una nueva visión de familia, de responsabilidad y de compartir.

Exige a los discípulos que busquen soluciones para dar de comer a aquella multitud hambrienta y no acepta la excusa de que solamente tienen cinco panes y dos peces, sino al contrario los impulsa a que pongan en común eso poco que tienen. Después Él se definirá como el Pan de vida. Uno de los aspectos en que más ha insistido el Papa Francisco es en este ejemplo que nos ofrece Jesús: comprender la Eucaristía como el pan de vida que nos lleva a pensar en una mesa fraterna para la reconciliación y la paz.

No se puede entender que todos comamos de un mismo pan para después destruirnos. No se puede entender que participemos del pan de vida y que después seamos indiferentes ante el hambre de los hermanos. La Eucaristía es el Pan de la Vida que nos lleva a la construcción de la paz. Todos los signos que acompañan la multiplicación de los panes ponen en evidencia una mesa fraterna, donde todos tienen la misma dignidad, donde todos tienen el derecho al alimento y donde todos tienen la obligación de cuidar el alimento, de procurar lo necesario para todos y donde todos son tomados en cuenta.

Participar del mismo Pan compromete. Sentarse a la misma mesa construye fraternidad. Que en este día, Jueves de Corpus, nos acerquemos con estos sentimientos y estas intenciones a participar del Pan de la Vida.








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