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Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros
Meditación al Evangelio 15 de mayo de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



En nuestra región, antes tan católica, desde hace algún tiempo se ha perdido ese sentido cristiano que impulsaba a las familias a educar a sus hijos y a bautizarlos a los pocos días de su nacimiento. Ahora hay quienes crecen prácticamente sin religión y se dan conversiones de quien nunca había tenido religión, o de quienes habían nacido y crecido en el ambiente de alguna otra denominación, deciden convertirse al catolicismo. Es una frescura y una gran riqueza encontrar el dinamismo de los recién convertidos, sus preguntas, sus deseos de conocer mucho más a Jesús y el amplio horizonte que se abre en sus vidas.

Con frecuencia se acercan a preguntar cuáles serían los requisitos y las principales obligaciones de un convertido, cuáles son los mandamientos que se deben cumplir. Y me gusta citar este pasaje de Jesús: “Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado”. Quizás a todos nos cause desconcierto porque hemos entendido el amor como un sentimiento que brota espontáneamente del corazón y hasta decimos que en el corazón no se manda. Es cierto, si se entiende el amor sólo como pasión, como sentir bonito, como atracción.  Pero una de las enseñanzas de Jesús es que el amor se puede vivir como decisión mucho más allá de la atracción. Nos lo enseña con su vida y con su actitud. 

Pensemos simplemente en el amor que nos tiene a cada uno de nosotros. No hay razón alguna para que nos ame, no hemos hecho méritos para merecer su amor… incluso algunas veces hemos hecho todo lo contrario, y sin embargo, nos ama. Y éste es el amor que nos pide. No ese amor de enamoramiento fácil y de mieles de placer, sino el amor de decisión, de entrega, de compromiso. Es ese amor que supera las dificultades de la convivencia y que se basa en una decisión de buscar siempre el bien del otro. No puede degenerar en ese amor celoso y posesivo, de retribución, lo que no pide Jesús y nosotros podemos dar. Es el fracaso de muchos amantes, padres, educadores: se da amor pero condicionado a que nos amen. El amor de Jesús es incondicional y nos propone que amemos igual que Él.

Ese amor puede incluso romper las barreras del odio, de las diferencias, de las conveniencias. Hoy nos podemos sumergir en ese amor que Jesús nos tiene y que nos asegura que nos ofrece gratuitamente, como amigos a los que se comunica todo lo que hay en el corazón.







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