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La voluntad de mi Padre consiste en que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna
Meditación al Evangelio 29 de abril de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Cuando nos acercamos a Jesús y escuchamos atentamente sus palabras no podemos quedarnos tranquilos en nuestro ambiente de injusticia e indiferencia. Las palabras de Jesús son muy claras: “Me han visto y no creen” Es cierto que con frecuencia hemos utilizado sus palabras referidas a la Eucaristía que nos afirman: “el que viene a mí no tendrá hambre, el que cree en mí nunca tendrá sed”.

Y las asumimos como muy nuestras y hacemos las comuniones necesarias, pero por desgracia a veces se quedan sólo en la intimidad y no generan el dinamismo que nos lleve a continuar la misma misión de Jesús: “Para que tengan vida eterna”. Nos hemos conformado con comulgar nosotros y no hemos sentido la comunión con los que padecen hambre.

Es una acción muy concreta que exige la Eucaristía ante una sociedad que se conforma con alimentarse a sí misma y no es capaz de sentir el hambre de los hermanos. El discurso Eucarístico está muy relacionado con la multiplicación de los panes, como la Eucaristía está muy relacionada con el compromiso social de los cristianos.

Y no se trata solamente de dar unas migajas o una limosna a quien sale a nuestro paso, se trata de cambiar las estructuras que nos están llevando a vivir en esferas individualistas de confort personal, mientras se quedan fuera de ellas millones de hermanos que no comparten la vida, que mueren de hambre y de necesidad. Creer en Jesús no es una profesión o una confesión vocal.

Creer en Jesús implica poner cuerpo y alma en su proyecto de vida para “todos los que el Padre me ha dado”. Y la voluntad del Padre es que no se pierda ni uno solo. Estos días difíciles, corremos el riesgo de sólo protegernos nosotros individualmente y no pensar en nosotros como comunidad. La vida plena incluye a todos los hombres y mujeres invitados a participar de la mesa de la vida, de la educación y de los derechos. Una mesa que se cierra en torno a unos cuantos desdice la verdadera fe de quienes nos decimos cristianos. ¿Cómo asumimos este mandato de Jesús?







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