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Vete, tu hijo ya está sano
Meditación al Evangelio 23 de marzo de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Muchas veces cuando contemplamos nuestro mundo tan sumido en la violencia y en el egoísmo nos asaltan las dudas y caemos en el pesimismo. Parecería que nada se puede hacer. Las lecturas de este día, a pesar de ser del tiempo de cuaresma, tienen un fuerte sentido de esperanza. Isaías comienza recordándonos el Sueño de Dios: “Voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva”.

Nos deben sonar estas palabras muy dulces, pero muy lejanas. Estaban dirigidas a un pueblo que había sufrido mucho, que había sido casi exterminado, pero que ahora se le invitaba a fortalecer su fe y su esperanza para iniciar la reconstrucción. Los sufrimientos del pasado serán sólo un recuerdo, pero ahora se establecerá una nueva relación entre Dios y el pueblo.

Así nacerá la armonía y por eso este anuncio de felicidad. Pero debemos poner atención, porque si es cierto que se anuncian los nuevos cielos y la nueva tierra, también implican el compromiso de unas nuevas relaciones entre los hombres y Dios que se concretizan en la fe de cada día y en el comportamiento con el hermano. Es la misma exigencia de Cristo en su mensaje: sólo con una gran fe se pueden construir nuevas relaciones. Él no niega ni rechaza a quien le pide un favor para una persona enferma. Pero exige la fe. La actitud del funcionario real debe ser la actitud de todo discípulo: confiar plenamente en la palabra y actuar conforme a ella. Así se inicia una forma de salvación que nos coloca más allá de nuestras fronteras y nos lanza a construir ese cielo nuevo y esa tierra nueva.

Es cierto que Jesús cura a distancia, pero también es cierto que se han requerido la sensibilidad de un padre para pedir por su hijo, el riesgo de aparecer suplicando a un nazareno, él que era poderoso, y después confiar ciegamente en una palabra sin ningún signo externo que le confirmara su petición. Nosotros también debemos darnos cuenta de la enfermedad que tiene nuestro pueblo, suplicar insistente y humildemente, y actuar conforme a la palabra que nos da Jesús. Sí podemos construir un cielo nuevo y una tierra nueva con su presencia y con su palabra.







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