Menu



14 de marzo de 2020

Tres hombres, una historia
Santo Evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32. Sábado II de Cuaresma


Por: H. Francisco Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Madre de Dios y madre nuestra, María, enséñanos a amar con un corazón como el tuyo porque en este mundo tan caído y herido el amor es lo que brilla más y ayuda a todos que pueda ser una luz en este valle de lágrimas.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo. Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Éste recibe a los pecadores y come con ellos”.

Jesús les dijo entonces esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me toca’. Y él les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre y él empezó a padecer necesidad.

Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no lo dejaban que se las comiera.

Se puso entonces a reflexionar y se dijo: ‘¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores.

Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo’.

Pero el padre les dijo a sus criados: ‘¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’. Y empezó el banquete.

El hijo mayor estaba en el campo y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: ‘Tu hermano ha regresado y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado sano y salvo’. El hermano mayor se enojó y no quería entrar.

Salió entonces el padre y le rogó que entrara; pero él replicó: ‘¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo’.

El padre repuso: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

En este evangelio se nos habla de tres hombres diversos, el primero es el padre que tiene dos hijos a los que cuidar se ve que es una persona responsable que ha criado a uno el cual no le gusta desobedecerlo, quiere lo mejor para sus hijos y está dispuesto a hacer todo con tal de que sean felices. Tiene un gran corazón por lo que la partida y casi perdida de un hijo le cuesta mucho. Sabe como ayudar a sus hijos que son muy diferentes como si fueran dos mundos totalmente disitintos. Su responsabilidad no es solo de como lleva su casa sino tambien como cuida su hacienda en la cual trabaja mucha gente y por lo tanto tiene mucho que cuidar.

El segundo personaje es el hijo menor que de alguna manera ya se ha aburrido de su vida en casa, quiere salir a experimentar el mundo con un deseo válido pero quizás aún no estaba preparado. Lo vemos en su diversión primero pero después cae en el hoyo y no sabe que hacer está confundido porque los placeres que buscó y experimentó no le llenaron. Es en este momento que recuerda los buenos mometos que había tenido son su padre y arrepentido regresa a casa donde se encuentra con los brazos abiertos y amorosos de su padre.

El hermano mayor siempre ha estado con su padre, no se ha ido o por lo menos no por mucho tiempo y muy lejos. En su corazón aún no han crecido los verdaderos sentimientos de un padrelisto para amar a sus hijos, tal vez por esto no se ha ido de la casa a formar su propia familia. Esta falta de amor no le deja alegrarse con su padre por el regreso del hijo que estaba perdido y le causa un enojo que visto solo humanamente es muy justo pero Dios lo invitaba a ver que eso no lo explica todo, que hay un amor que va más allá y es capaz de perdonarlo todo.

Dentro del itinerario cuaresmal, el Evangelio nos presenta precisamente esta última parábola del padre misericordioso, que tiene como protagonista a un padre con sus dos hijos. El relato nos hace ver algunas características de este padre: es un hombre siempre preparado para perdonar y que espera contra toda esperanza. Sorprende sobre todo su tolerancia ante la decisión del hijo más joven de irse de casa: podría haberse opuesto, sabiendo que todavía es inmaduro, un muchacho joven, o buscar algún abogado para no darle la herencia ya que todavía estaba vivo. Sin embargo le permite marchar, aún previendo los posibles riesgos. Así actúa Dios con nosotros: nos deja libres, también para equivocarnos, porque al crearnos nos ha hecho el gran regalo de la libertad. Nos toca a nosotros hacer un buen uso. ¡Este regalo de la libertad que nos da Dios, me sorprende siempre!
(Ángelus del Papa Francisco, 6 de marzo de 2016).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Rezar por mis papá, hermanos, tíos, primos, etc para que Dios les dé un corazón como el suyo.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.



Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!