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Perdonen y serán perdonados
Meditación al Evangelio 9 de marzo de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Si en días pasados San Mateo no proponía en palabras de Jesús que fuéramos perfectos como nuestro Padre Celestial es perfecto; ahora San Lucas acentúa otro rasgo de este Padre Celestial: la misericordia. Algunos aspectos de la misericordia de Dios ya se habían manifestado en el Antiguo Testamento, pero ni soñar con lo que propone Jesús.

La teología de la retribución en salud y riqueza a quienes seguían sus leyes, llevaba su contraparte de condena y castigo a quienes se apartaban de ellas. Si eres bueno tendrás mucha vida, riquezas y salud; pero si caes en el pecado y la maldad, tendrás castigos y desgracias. Cristo nos viene a enseñar lo errado de esta forma de mirar a Dios. No es un policía que nos esté vigilando para castigar a quien se haya equivocado, no es un comerciante que tenga que proporcionar servicios o bienes a quienes se lo hayan pagado.

Dios es mucho más que eso y Jesús insiste una y otra vez en el evangelio de Lucas en  mostrar un rostro nuevo, misericordioso, compasivo y en búsqueda del pecador. Las parábolas de la misericordia tratan de reflejar este rostro de Dios que busca a quien se encuentra perdido. Pero Jesús no se conforma con mostrar este rostro, sino que nos invita a que imitemos la misericordia de Dios y que seamos igualmente misericordiosos. La misericordia, entendida en el pensamiento hebreo, no sólo tiene ese sentido de compasión, de perdón, sino el poner el corazón junto al otro, el asemejarse al otro, identificarse con el otro, muy cercano a la identidad que tiene la madre con el hijo que lleva en su vientre.

Esta imagen de Dios misericordia, con entrañas que se enternecen por sus hijos, que se acerca a los pequeños y humildes, se hace realidad en la persona de Jesús. Nadie como Él se hace cercano a cada uno de nosotros, sin ningún interés, sin ventajas, asume nuestra carne y nuestra condición. Con Jesús podemos abrir nuestro corazón a todos los hombres y buscar acercarnos a todos sin importar su condición, raza o pensamiento.

Que hoy, podamos sentir la misericordia y ternura de Dios, pero al mismo tiempo dejemos que nuestro corazón se enternezca y se ponga al ritmo de los que viven en torno nuestro. Que hoy nos sintamos como en el vientre cálido de nuestro Padre-Madre Dios, que recibamos de Él nueva vida y nos comprometamos en hacerla palpable a quienes viven con nosotros.







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