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3 de marzo de 2020

Somos hijos en el Hijo
Santo Evangelio según san Mateo 6, 7-15. Martes I de Cuaresma


Por: H. Francisco J. Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, que reconozca lo que Tú quieres de mí porque sé que me compartes tu misión de ayudar a las personas a que te conozcan.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración, no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes pues, oren así:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.

Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Es una tarea muy enriquecedora el ayudar en la catequesis con niños que se preparan para la primera comunión y la confirmación. En este año y medio que llevo ayudando en una parroquia, de verdad he aprendido mucho de los niños. Me venía a la mente cómo el compartir la fe con los pequeños, el ayudarles en lo que pueda y, sobre todo, entenderlos, es lo que Jesús ha hecho con nosotros. Se hizo uno de nosotros, nos habló en nuestro propio idioma para que pudiéramos entenderlo; nos guía en el camino hacia el Padre como hermano mayor. Todo esto lo ha hecho por amor, por lo que su misma vida es una invitación a hacer todas las cosas con amor.

Cristo nos ha dado el don de llamar a Dios Padre y este es un hecho que nunca debemos olvidar. Si bien Dios está en el cielo, también está presente entre nosotros, solo necesitamos descubrirlo. A veces está un poco escondido, pero con fe y esfuerzo lo podemos encontrar en los lugares que menos nos esperamos. Parte de nuestra misión en la vida es mostrar a los demás que Dios está presente en sus vidas y que ese Dios es Padre. ¿Quién no quisiera saber que Dios lo cuida como su hijo y por eso no lo dejaría jamás? Y ciertamente, como buen padre, de vez en cuando le llamaría la atención por no hacer las cosas como debiera. Como Dios es creador de todo, qué otra cosa le podemos pedir, sino que nos conceda las cosas que necesitamos diariamente. Él está a la espera de que se las pidamos porque el solo hecho de escuchar nuestra voz ya lo hace feliz y, con todo el gusto del mundo, nos concederá lo que queramos y nos convenga. Él es la persona a la que primero le pedimos perdón, pero, desafortunadamente, no ha sido la única a la que hemos ofendido por lo que el pedirle al Señor que nos perdone, ya es el inicio de este ejercicio tan hermoso que es perdonar. Pidámosle al Señor, desde el fondo del corazón, que nos conceda esta gracia.

«Pero la gracia abundante de Dios siempre es un reto. Aquellos que han recibido tanto deben aprender a dar tanto y no retener solo para ellos mismos lo que han recibido. Los que han recibido tanto deben aprender a dar tanto. No es una coincidencia que el Evangelio de Mateo, inmediatamente después del texto del Padrenuestro entre las siete expresiones utilizadas, enfatice precisamente la del perdón fraterno: “Si vosotros, perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas”. ¡Pero esto es fuerte! Pienso: a veces he escuchado gente que decía: “¡Nunca perdonaré a esa persona! ¡Nunca perdonaré lo que me hicieron!” Pero si no perdonas, Dios no te perdonará. Tú cierras la puerta. Pensemos, si somos capaces de perdonar o si no perdonamos».
(Audiencia de S.S. Francisco, 24 de abril de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy analizaré si tengo que pedir perdón a alguien de mi familia o amigos y lo haré.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.



Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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