Menu


Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará
Meditación al Evangelio 26 de febrero de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Miércoles de ceniza encierra un profundo significado. Con frecuencia lo hemos tomado solamente como el recuerdo de que somos mortales y que algún día nuestra vida terminará y deberemos entregar cuentas, pero hay mucho más: es recordar nuestro origen y nuestro destino: el polvo… ¿solamente polvo? No, es un polvo con un soplo divino y con un destino divino, pero polvo.

Polvo que depende en todos sentidos de Dios. El gran error del hombre es llenarse de orgullo y vanidad, olvidarse de que depende de Dios y querer ser como Dios: poner sus leyes, ocupar su lugar, buscar su felicidad lejos de Dios, y el hombre sin Dios queda vacío. Ése es el gran pecado y el peor error del hombre. Por eso la invitación de este día es “volverse a Dios”, “convertirse”, es decir, mirar el rumbo hacia donde nos estamos dirigiendo y corregir la dirección. Y es una gran paradoja que cuando el hombre se dirige a Dios se encuentra a si mismo.

Por eso la ceniza no es sólo un signo externo ni un rito mágico, sino encierra este bello gesto de retornar al amor de Dios. Su manifestación más clara, según nos dicen los profetas, será que teniendo el amor de Dios en nosotros también nosotros amemos a nuestros hermanos. Hoy debemos clamar misericordia porque realmente hemos pecado y nos hemos desviado.

Hemos errado el camino y en lugar de poner a Dios en nuestro corazón, hemos puesto nuestras pasiones, nuestra ambición y nuestro egoísmo. Y entonces nos hemos quedado convertidos sólo en polvo. Miércoles de Ceniza, día de conversión y retornar al corazón de Dios. Día de ayuno y oración, día de silencio y respeto, día para vivir el amor de Dios.







Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |

Antiguo Testamento 25% de descuento
Nuevo Testamento 25% de descuento