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Creo, Señor, pero dame tú la fe que me falta
Meditación al Evangelio 24 de febrero de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



En días pasados visitaba un internado de recuperación de alcohólicos y drogadictos. Su disciplina es severa, los procedimientos drásticos, pero sus dirigentes están convencidos que sólo así podrán rescatar del alcohol y de la droga a aquellas personas. Lo más sorprendente es que la mayoría son jóvenes, muchos de ellos apenas de 15, 16 años y que han llegado a una situación extrema de creer que su vida ya no tiene sentido. ¿Qué hacer? No es difícil relacionar estas situaciones con la presentada en el evangelio de este día que con tintes dramáticos nos presenta la imposibilidad del padre para liberar a su hijo de “aquel demonio”. Recordemos que demonio implicaba toda situación de enfermedad.

Al acudir a los discípulos tampoco ellos pudieron. ¿Todo está perdido para quien está en garras del mal? Cristo nos asegura que no y da las pautas para superar estas situaciones. En primer lugar, una gran fe en el Señor. El papá con todas sus dudas, suplica a Jesús. Y Jesús le afirma que para el que tiene fe, todo es posible. Es necesario tener una fe en las personas y en Jesús.

El primer paso nos acerca a Jesús, pero también nos lleva a las personas, a comprenderlos, a dialogar con ellos y tener fe en que ellos pueden salir de sus problemas, acompañarlos y alentarlos. Pero también una fe grande en Dios. Los alcohólicos al reconocerse impotentes frente al alcohol, reconocen que sólo un “Poder Superior” nos puede liberar. Nosotros tenemos esa confianza en Dios que nos puede liberar.

Cristo recomienda oración y ayuno. Son dos grandes palancas que debemos utilizar con fe. No creamos que todo está perdido, confiemos en el Señor, pero pongamos todo lo que esté de nuestra parte.







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