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El hombre siembra su campo, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece
Meditación al Evangelio 31 de enero de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Hace algunos días, un amigo, de esas personas con alma de artista y corazón de niño, me hizo observar una flor con todo detenimiento: su tallo con cada trozo en diferente textura y forma; las hojas con sus tonos de verdes y sus ramificaciones, los pétalos, el pistilo… Tantas veces pasaba yo junto a aquella flor y nunca la había contemplado con tanto detalle, mientras él pasa horas y horas observando, pensando y buscando descubrir nuevas sorpresas.

Para él cada hojita es un mapa del universo… contemplada así una flor es una maravilla. No importa su grandeza, no importa lo apreciada o sus costos, cada flor es una maravilla… y está ahí para que nosotros la contemplemos y demos gracias a Dios. Cristo también me parece un artista con corazón de niño que busca hacernos presente el amor de Dios en todas las cosas pequeñas.

Hoy nos ofrece el misterio de la vida de una semilla que en el silencio, en la oscuridad y en el anonimato va creciendo, fortaleciéndose hasta llegar a su plenitud. Todo parece silencio, y sin embargo no hay música más bella que el crecimiento de una planta, ni silencio más fecundo que la vida interior. ¿Por qué no contemplamos una planta con todo detenimiento? ¿Por qué no nos extasiamos en la grandiosa pequeñez de la vida diaria? Y Jesús también compara la vida del Reino de Dios con todas estas pequeñeces, sencillas pero con una gran vida interior.

Miremos a esa persona que a diario sonríe y se levanta para dar nueva esperanza a los que la rodean; contemplemos la vigorosa explosión de alegría de aquel joven que sueña con cambiar el mundo, observemos al anciano que musita recuerdos y oraciones en busca de una paz verdadera… Toda la vida en su plenitud debería ser presencia de Dios en nuestras vidas y caricia de su mano en nuestro rostro.

Todas las pequeñas cosas, serían señales y rastros de su amor. Hoy nos invita el Señor a vivir en profundidad cada instante y a llenarlo de plenitud. El Reino se hace presente en cada momento, en cada insignificancia, en cada persona. Allí está el Reino haciéndose vida y plenitud.







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