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Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado o hay que dejarlo morir
Meditación al Evangelio 22 de enero de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Las actitudes de los escribas y fariseos nos parecen estúpidas y llenas de egoísmo. ¿Por qué no son capaces de mirar más allá de sus prejuicios? ¿Por qué prefieren dejar a un hombre imposibilitado en su miseria con tal de conservar sus principios y sus intransigencias? Pero nosotros no estamos muy lejos de estas incongruencias y también nos aferramos a nuestros egoísmos y a nuestras ideologías. Sufre mucho nuestro país y todos los sistemas porque lejos de mirar por el bien de la persona humana, se anteponen los intereses de partidos, de sistemas o de trasnacionales. No es raro escuchar entre nosotros: “Si esto no va a ser para mí, mejor que no sea para nadie, que se pudra o se destruya…” Y todo por ideologías.

De derecha o de izquierda, con apariencia de servicio o con apariencia de seguridad… pero la dignidad de la persona sale lastimada al tomarse decisiones que no están sostenidas por una recta intención, sino con el afán de imponer nuestros criterios y nuestros poderes. En todos lados se presenta: entre las grandes naciones, en los pequeños poblados; entre los partidos y entre los carteles; en la familia y en los grupos. Nos importa más imponer nuestra ley que buscar el bienestar de la persona. ¿Cuántos mueren de hambre porque los grandes consorcios quieren hacer sentir su fuerza y su poder? ¿Cuántas personas quedan al margen de la salud, no por lo costoso de la medicina, sino por los caprichos de quienes poseen los recursos? ¿Cuántas leyes y propuestas han sido boicoteadas por uno u otro partido, no tanto porque no parezcan buenas, sino porque provienen de alguien distinto? Y esto que miramos entre los pueblos, en los partidos y en la política, sucede también entre nuestros grupos y hasta en nuestra familia.

Se toman decisiones no buscando el desarrollo integral de cada una de las personas, sino imponiendo caprichos y criterios manipulados. Hoy pido al Señor que nos permita abrir los ojos y el corazón para descubrir a los “tullidos” que están a nuestro alrededor, a los que no hemos permitido tener acceso a la salud sólo por nuestros caprichos e ideologías. Hoy le pido al Señor Jesús que también a mí me sane de mi mano seca y corta, tan corta que sólo alcanza para mis propios beneficios, que me haga que estire mi mano en servicio y en solidaridad con todos los que están a mi lado. “Señor, sana mi mano seca y tullida”.







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