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Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar
Meditación al Evangelio 20 de enero de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



¿Nos hemos dado cuenta de cuántas incongruencias hay en nuestra vida? ¿Nos percatamos de que buscamos las cosas superficiales con ahínco y olvidamos las verdaderamente importantes? ¿No es cierto que con mucha frecuencia descubrimos en una habitación miserable la costosa televisión o los aparatos eléctricos mientras el hambre ronda por la casa? En el ámbito espiritual y en el ámbito de las relaciones personales nos sucede lo mismo: cuidamos detalles externos y dejamos de lado lo verdaderamente importante.

¿Es bueno el ayuno? ¡Claro que sí! ¿Es necesaria la oración? ¡Ni qué dudarlo! Pero si esa oración y ese ayuno esconden lacras que preferimos no cambiar, si sólo son apariencia para seguir obrando mal, no tendría ningún sentido el ayuno. Jesús defiende a sus discípulos pero no porque no quiera el verdadero ayuno, sino porque los fariseos han hecho de las prácticas rituales, lazos que oprimen a los más necesitados. Con la presencia de Jesús se inicia un nuevo orden y una nueva alianza.

Cambia radicalmente el rostro que nos ofrece de Dios y aleja de nosotros ese rostro de juez y castigador que muchas veces es ofrecido sobre todo por las autoridades judías. Ahora se presenta el rostro amable y generoso de Dios, el Dios que comparte con los pobres y sencillos, el Dios que no está lejano. Esto implica una muy novedosa manera de vivir y de sentir a Dios. A veces dejamos a un lado los ayunos como cosa del pasado, pero seguimos percibiendo esta imagen de Dios. Ponemos solamente “parches”, a lo que está roto y desgastado. Jesús nos invita a nueva forma de vivir y a una nueva forma de actuar, pero que brote desde nuestro interior que experimenta vivamente la presencia de Dios.

El vino nuevo que Jesús viene a ofrecer, cambia radicalmente toda la relación con Dios su Padre y la relación con los hermanos. Baste mirar su forma de actuar, su forma de referirse al Buen Dios, Padre que hace salir su sol sobre buenos y malos. Si queremos seguir de verdad a Jesús tendremos que asumir nuevas relaciones también nosotros. No nos podemos quedar en parches y componendas, sino requerimos de una verdadera conversión: cambio de corazón, cambio de mentalidad, cambio de mirada.







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