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No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores
Meditación al Evangelio 18 de enero de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Con frecuencia miramos con desdén y crítica a los escribas y fariseos por sus actitudes duras con Jesús, pero bastaría que nos pusiéramos en su lugar para darnos cuenta que estamos más cercanos a sus actitudes que a la postura atrevida y contestataria de Jesús. Son frecuentes las expresiones de desprecio y de odio hacia las personas que juzgamos indignas de sentarse a nuestro lado. Pensemos simplemente en la grave discriminación racial que se vive en nuestros días.

Decimos que somos tolerantes, pero solamente mientras no tengamos que compartir nuestros puestos, nuestros servicios y nuestros espacios con personas diferentes. ¡Con cuánta mayor razón los escribas y fariseos se negaban a aceptar a su lado a personas consideradas pecadores! Jesús rompe todos los esquemas. Nosotros ahora exigimos para los servicios públicos y religiosos personas intachables… Jesús escogió todo lo contrario. Los graves escándalos en nuestro ámbito religioso son causados porque se llega a la contradicción de exigir santidad y después descubrir que debajo de nuestra exigencia escondíamos nuestro pecado.

La vocación de Mateo es todo un reto para Jesús y su entorno. ¿Cómo aceptar a un hombre que se dice enviado de Dios pero convive con los pecadores y los llama a su compañía? ¿No decimos nosotros: “dime con quién andas y te diré quién eres”? Jesús no teme relacionarse con los pecadores ni teme el contagio de su impureza, todo lo contrario los busca, los llama y los procura. No porque esté de acuerdo en su pecado, sino porque tiene mucha confianza en su conversión y porque los ama como hermanos ¡a pesar de su pecado! A nosotros nos duelen mucho las críticas y los comentarios sobre todo de aquellas personas que consideramos cercanas, Jesús va mucho más allá de los juicios y para Él prevalece el valor de una persona a pesar de su pecado.

Arriesga todo con la esperanza de convertirlo y la única forma que conoce es amarlo. Amarlo por encima de su infidelidad, por encima de su pecado. Guardemos hoy en nuestro corazón las palabras de Jesús porque están pensadas para nosotros: “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.







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