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Al momento desapareció la lepra
Meditación al Evangelio 10 de enero de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Ayer reflexionábamos en la presencia salvadora y liberadora de Jesús. Hoy leemos este pasaje que nos confirma su actuación y hace realidad lo que nos anunciaba. Entre los pobres más pobres, entre los pecadores más despreciados, entre las personas más marginadas, se encontraban los leprosos. A la gravedad y dolor de la enfermedad se le añadían las acusaciones de culpabilidad e impureza que hacían de los leprosos personas aisladas y separadas de la comunidad.

Para ellos precisamente es enviado Jesús y a ellos ofrece su salvación y la liberación plena. No es solamente curar de una enfermedad sino es reintegrar a la persona a la plena comunión con su familia, con la sociedad y con Dios. El reconocimiento que el leproso hace de Jesús como el Mesías al postrarse por tierra y la manifestación de su fe en su poder, nos ponen en el camino que nosotros debemos recorrer para ser verdaderos discípulos de Jesús y hacer posible en medio de nosotros la manifestación de su poder.

Termina este pasaje con tres afirmaciones que nos dan la pauta en nuestro seguimiento: las muchedumbres acudían a oírlo y a ser curados, Él se retiraba a hacer oración. Escucha de la palabra con el corazón abierto, atención a las necesidades de los que sufren y una oración continua, son las características que nos presenta San Lucas como el inicio de un verdadero seguimiento.

Frente a las muchedumbres que hoy en día son también despreciadas y marginadas, frente a los graves problemas que estamos afrontando, el cristiano tendrá que ofrecer la palabra de Jesús que nos dará nuevos criterios ante estas realidades; pero no basta la palabra, sino que tendrá que ir respaldada con las acciones concretas que cambien las estructuras injustas y transformen a las personas que son atacadas en su dignidad.

Acciones que hagan ver que la palabra se convierta en realidad. Palabra y acción deben ir respaldadas con la oración continua, confiada y constante para siempre poner nuestra vida ante los ojos de Dios.  La presentación de Jesús ya es presencia salvadora y transformadora.







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