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¿El bautismo de Juan venía del cielo o de la tierra?
Meditación al Evangelio 16 de diciembre de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Es el primer día de posadas en este nuestro festivo México. En muchos lugares se escucharán los cánticos que anuncian la estrella de Belén, que nos invitan a preparar los caminos y que nos disponen en oración y vigila para el día de la Natividad. Las lecturas de este día iluminan nuestro camino de preparación.

Las palabras de Balaam anunciando, veladamente aún, al Mesías, suscitan, en la boca de un adivino pagano, la esperanza del pueblo de Israel. Todo el Antiguo Testamento tiende a Cristo como hacia su centro natural y Cristo cumple la obra que el Padre le ha confiado desde antiguo. Si las palabras del profeta despertaban la esperanza del pueblo, cuando Cristo llega muchos no son capaces de reconocerlo.

No conocen a Dios ni a su enviado Jesús. Pero el discípulo fiel es capaz de descubrir el plan amoroso de Dios manifestado en las acciones concretas de su Hijo. Las obras dan razón de su autoridad. Las profecías son cumplidas. Los sumos sacerdotes y los ancianos, que se sienten con autoridad recibida de los hombres, cuestionan la autoridad de Jesús. No son capaces de reconocer en la vida de cada día lo anunciado por los profetas.

Cristo, al comprobar que sus obras no han abierto el corazón de aquellos hombres, les pone una pregunta que no logran descifrar porque los pondría en evidencia. Prefieren el silencio y no responder con la propia vida. Hoy también Cristo a nosotros nos exige respuestas, pero respuestas que nos comprometan. No quiere el silencio ni la indiferencia. No busquemos excusas para no aceptar a Jesús. ¿Nosotros reconocemos la autoridad de Cristo? ¿Nosotros hemos aceptado su mensaje salvador? ¿En qué se nota?  Que las palabras de libro de los Números que hoy nos anuncian al Salvador también despierten en nosotros sentimientos de esperanza.

Que levantemos la cabeza buscando esa estrella que dará luz a nuestra vida. Que reconozcamos a Jesús como nuestro Mesías, como nuestro Dueño y como nuestro Rey. Hoy mas que nunca al iniciarse la bella tradición de las posadas, tendremos que gritar: Ven, Señor. Ven, Rey de justicia y de paz. Ven a nuestros corazones. Ven, Señor Jesús.







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