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¿Por qué no pusiste mi dinero en el banco?
Meditación al Evangelio 20 de noviembre de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Es siempre inquietante para cada uno de nosotros la pregunta sobre “el más allá”, qué nos espera después de la muerte y cuando será el juicio final. Como estamos en los últimos días del tiempo litúrgico las lecturas de este día nos ofrecen puntos básicos a tener en cuenta en nuestra actitud hacia esos momentos.

El pasaje de San Lucas nos presenta la muy conocida parábola de los talentos y los frutos que con ellos hemos dado. La insistencia de Jesús sobre el día del retorno del rey y el examen de cada uno de los empleados sobre la utilización de su moneda, nos hace reflexionar sobre los frutos que cada uno de nosotros hemos dado en la vida. San Lucas nos dice que a todos les entregó lo mismo: una moneda pero cada uno dio frutos diferentes hasta llegar al que solamente produce excusas y pretextos.

No ha trabajado y además echa la culpa a los demás por eso recibe la condena del rey. ¿Cómo hemos dado frutos nosotros? ¿Cuáles son nuestras excusas para liberarnos de nuestras responsabilidades? ¿Qué encontrará el Señor en nuestras manos el día final? Son algunas de las preguntas que hoy nos podemos hacer. Por otra parte, la primera lectura tomada del segundo libro de los Macabeos nos ofrece una lección estupenda de fe, de confianza y de fortaleza.

Se trata de la narración de “aquella madre que, viendo morir a sus siete hijos en el espacio de un solo día, lo soportó con entereza, porque tenían puesta su esperanza en el Señor”. Les recuerda cómo habían llegado a su vientre tan sólo por decisión de su Creador, los anima para que se mantengan firmes en el castigo y no caigan en la idolatría porque el Señor les “dará de nuevo el aliento y la vida”.

Impresionante sobre todo cuando anima al último y más pequeño: “No le tengas miedo al verdugo, porque el mismo Dios que ha hecho todo de la nada, hará que te vuelvas a encontrar con tus hermanos”. Le insiste en que la vida la ha recibido de Dios y que a Dios debe retornar. Son las bases de nuestra vida: saber de dónde venimos y a dónde vamos. Reconocer que todo lo hemos recibido de Dios y a Dios se lo debemos devolver. Que estos ejemplos nos sirvan de aliento y esperanza en nuestra vida diaria. ¿Qué espera hoy de mí el Señor?







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