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No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer
Meditación al Evangelio 12 de noviembre de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



En nuestro mundo de avances y tecnología muchas veces perdemos el rumbo sobre las cuestiones más importantes: ¿Para qué estoy en la vida? ¿Hacia dónde me dirijo? ¿De dónde vengo?... Son preguntas que, ahogadas por el ruido y la comercialización, no dejamos que entren en nuestro corazón. Sin embargo, sobre todo cuando alguna cosa nos falla, cuando hay algún problema, perdemos fácilmente la estabilidad.

Es alarmante el número de suicidios sobre todo en adolescentes y jóvenes, y aún entre niños. Como han construido su vida en torno a los valores que el mundo nos ofrece, cuando no se alcanzan las aspiraciones que nos mete en el corazón, todo pierde el sentido. Hoy encontramos unas frases que pueden hacernos meditar y ponernos delante de Dios para cimentar nuestra vida y nuestra actividad. La primera la encontramos al inicio del pasaje del libro de la Sabiduría: “Dios creó  al hombre para que fuera inmortal, lo hizo a imagen y semejanza de sí mismo”.

Si pensáramos detenidamente estas palabras, ellas solas podrían darle sentido a nuestra vida. Tenemos una dignidad, fuimos hechos con un propósito, tenemos un valor como personas y como imagen de Dios. Dios no hace basura.  Esos momentos de fracaso, los podemos superar pensando en el amor con que Dios nos hizo y en todo lo que espera de nosotros.

El evangelio de San Lucas, tomando las imágenes de su tiempo, nos hace la invitación a ser “servidores”, servidores de tiempo completo, es más cuando utiliza esta palabra tiene el sentido de “esclavos”. Pero ser esclavos de Dios nos da toda la plenitud de vida. Al hacer nuestro trabajo, lo debemos hacer con alegría, con entusiasmo y al terminar solamente exclamar: “No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer”.

Estar al servicio de Dios, o como decía el catecismo: “Hemos nacido para amar y servir a Dios y a nuestro prójimo”. Esto da sentido a toda la vida. Cuando nos sentimos solos o estamos mirando si nos han tomado en cuenta o no, perdemos el sentido de la vida. La vida tiene sentido cuando amamos, cuando servimos, cuando nos parecemos a Dios y esto lo hacemos con alegría. Que en este día reflejemos el rostro de Dios en todo lo que hagamos.







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