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Sal a los caminos y a las veredas; insísteles a todos para que vengan y se llene mi casa
Meditación al Evangelio 5 de noviembre de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Una de las páginas más bellas y sugerentes de San Pablo es la primera lectura de hoy, de la carta a los Romanos. Dice: “Todos nosotros, aún siendo muchos, formamos un solo cuerpo unidos a Cristo, y todos y cada uno somos miembros los unos de los otros”. Nos pone en una nueva perspectiva tanto respecto a Cristo como a los hermanos.

No se trata sólo de seguirlo y admirar su doctrina, se trata de formar parte de Él mismo. Y esto nos llevará también a formar un solo cuerpo unidos todos los hermanos. Nuestras grandes o pequeñas cualidades tendrán entonces una carga social, no nos han sido dadas para enorgullecernos con los propios logros: están puestas al servicio de ese todo que es el cuerpo de Cristo.

Bien vivido este consejo de San Pablo nos llevará a entender más nuestra propia misión en el mundo y acabaría con las rivalidades, envidias y desencuentros entre los hermanos. Cada uno aportando lo mucho o lo poco que tiene, lograremos el crecimiento de todo el cuerpo. Cada acto nuestro tendrá como fin el bienestar de todo el cuerpo y esto lo haremos con alegría.

E indudablemente nos proporcionará felicidad. “Que el amor de ustedes sea sincero”,  continúa diciendo San Pablo. Y nos exhorta a amarnos unos a otros  cordialmente, “que cada uno estime a los otros más que a sí mismo” termina diciendo. ¿Hemos pensado seriamente en esta bella imagen de la Iglesia como Cuerpo de Cristo? Nos debe llevar a un esfuerzo continuo y alegre para mantenernos unidos a pesar de las diferencias y las dificultades.

Precisamente porque cada uno es miembro distinto, debe aportar con entusiasmo toda su energía a favor de todo el cuerpo. “Que la esperanza los mantenga alegres”, es otro de los consejos que hoy nos repite San Pablo. El cristiano no puede vivir en la tristeza y el pesimismo, si participa de la misma misión y resurrección de Cristo, debe aportar al mundo un dinamismo nuevo y constante. Solamente para terminar, retomo las mismas palabras con que concluye el pasaje de este día: “Bendigan a los que los persiguen: bendíganlos, no los maldigan. Alégrense con los que se alegran; lloren con los que lloran.

Que reine la concordia entre ustedes. No sean, pues, altivos; más bien pónganse al nivel de los humildes”. Palabras sabias que nos ayudarán a llevar una vida de armonía y comprensión con los hermanos. ¿Las podremos hacer vivas este día?







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