Menu


Si no se arrepienten, perecerán de manera semejante
Meditación al Evangelio 26 de octubre de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Cuando escuchamos hablar de desastres naturales o de graves accidentes donde mueren muchas personas, es natural que se nos venga a la mente la pregunta: “¿Por qué a ellos?” O bien cuando nos ocurre a nosotros una desgracia semejante, reclamamos al Señor: “¿Por qué a mí?”.

Lo escuchamos, hasta con rabia, por ejemplo cuando ha habido desastres, temblores o inundaciones. Es lo mismo que hacen los discípulos al conocer el asesinato de unos galileos a manos de Pilato. Jesús invita a sus discípulos a mirar más en profundidad y a preguntarnos qué estamos haciendo con nuestra vida y qué frutos estamos dando.

En los dos hechos que presenta el pasaje se ve como un signo de los tiempos la llegada de la muerte. Igualmente, el llamado al juicio de Dios puede llegar cuando menos lo esperamos. De ahí la conclusión muy clara: convertirse y hacer penitencia para no ser sorprendidos por estos acontecimientos tan decisivos. Jesús con la parábola de la higuera estéril nos hace la invitación a no transcurrir nuestra existencia de una manera vacía y sin frutos.

Ya San Pablo les decía a los Romanos, en la primera lectura, que hay quienes llevan una vida desordenada y egoísta que no da fruto, pero que el verdadero creyente, actúa y piensa conforme al Espíritu. Al mirar a quienes se dejan guiar por el pecado, San Pablo los invitaba: “ustedes no lleven esa clase de vida, sino una vida conforme al Espíritu, puesto que el Espíritu de Dios habita verdaderamente en ustedes”. Así pues, hoy es muy clara la invitación a fructificar y a hacer obras que nos ayuden a presentarnos delante de Dios.

Dios espera con paciencia que cada uno dé los frutos esperados, frutos que están directamente en relación con el amor al prójimo y nuestro compromiso con él. No nos hagamos ilusiones, también para nosotros llegará el último día y, aunque no debemos angustiarnos inútilmente, sí debemos ser conscientes que el tiempo que el Señor nos regala es para que demos frutos.

Si en este momento nos llamara el Señor, ¿qué frutos le podríamos presentar? En concreto, en este día, ¿qué frutos estoy dando, en qué he ocupado mi tiempo? ¿Estaré dando frutos de verdad, de belleza y de amor?







Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |

Antiguo Testamento 25% de descuento
Nuevo Testamento 25% de descuento