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Pidan, y se les dará
Meditación al Evangelio 10 de octubre de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



El salmo de este día nos da la pauta de la vida del cristiano: “Dichoso el hombre que confía en el Señor”. Pero el hombre con frecuencia duda de esta gran verdad y quiere sentirse seguro al amparo de los bienes materiales.

El profeta Malaquías expresa el reclamo de quien cree que ha sido fiel al Señor y sin embargo ha encontrado dificultades. Por eso afirma: “No vale la pena servir a Dios. ¿Qué hemos ganado con cumplir sus mandamientos o con hacer penitencia ante el Señor de los ejércitos?”.

Es la expresión de quien quiere manipular a Dios y hacerlo que actúe conforme a sus propios deseos. Son las palabras de amargura de quien creía poder comprar a Dios con sus ritos y sacrificios, y se encuentra con las manos vacías.

Ya el mismo Malaquías nos ofrece una respuesta al asegurarnos que ya viene el Día del Señor donde brillará el sol de justicia y habrá salvación para los que temen al Señor, que quien verdaderamente cree en el Señor tendrá la salvación. Pero el evangelio va más allá y nos presenta la imagen bella de Dios que espera que sus hijos le presenten sus oraciones con constancia, con confianza y en todo momento.

No es ofrecer sacrificios y rituales sin sentido, ajenos a un comportamiento recto y justo, sino es la oración que brota de un corazón que confía en todo momento en el Señor. Es ponerse confiadamente en manos de un padre que nos ama y nos conoce profundamente.

Los ejemplos que nos presenta el evangelio de San Lucas en este día nos muestran al amigo que ha recibido visita inesperada y que solicita ayuda para poder atenderla. Insiste una y otra vez, a deshoras de la noche, y obtiene respuesta a su necesidad. Añade Jesús los ejemplos de un padre que no puede dar una piedra a su hijo, cuando le pide pan; o una serpiente, cuando le pide pescado. Y termina afirmando: “¿Cuánto más el Padre Celestial les dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan?”.

Así en este día, pidamos con mucha fe, confianza e insistencia, pero pidamos al Espíritu Santo que nos fortifique y anime, que nos dé luz para salir adelante de todas nuestras dificultades. Hagamos nuestra oración fervorosa a nuestro Padre Dios.







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