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Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica
Meditación al Evangelio 24 de septiembre de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Hoy celebramos una fiesta muy apreciada por nuestras comunidades: Nuestra Señora de la Merced. Es una devoción nacida en otros tiempos y en otras circunstancias. España estaba bajo el yugo de los moros quienes hacían miles de esclavos que llevaban al norte de África. El 2 de agosto de 1218 Pedro Nolasco tuvo la visión de la Virgen María que lo exhortaba a fundar una Orden cuyo fin principal sería liberar a aquellos cristianos cautivos. Así nace la Orden de los Mercedarios el 10 de Agosto.

Se dice que fueron miles los redimidos por los frailes mercedarios ya del cautiverio ya del peligro de perder la fe. Muchos de ellos se intercambiaban por los prisioneros y se cuentan muchos mártires mercedarios. Merced ante todo es “misericordia”. La Virgen es misericordiosa y sus hijos también deben serlo.

En este día acostumbramos realizar visita a las cárceles, celebramos la Eucaristía y compartimos con los presos su dolor, su impotencia, muchos veces su inocencia ya que muchos de ellos no son realmente culpables. Recordemos por ejemplo a San Juan Bautista. Herodes lo mandó decapitar, pero no por algún delito sino por decir la verdad. Recordemos a Jesús, inocente, preso y ultrajado en la cárcel.

Es tiempo que vayamos revisando todo este sistema de justicia que deja libres a asesinos y condena a inocentes. Pero es tiempo también que miremos si no hay otras esclavitudes y prisiones que están encadenando a nuestros jóvenes, vicios y venganzas que atan el corazón, odios y ambiciones que condenan a inocentes. Los presos en las cárceles están muy abandonados y requieren de la presencia y acompañamiento de cristianos que alienten a quien está justa o injustamente prisionero.

Y también todos los esclavos de las diferentes cadenas: pobreza, pecado e injusticia, requieren de atención y de liberación. Que en este día Nuestra Señora de la Merced también nos hable a nosotros y nos pida que liberemos a ambos prisioneros. Quizás también nosotros estemos encadenados con grilletes que no nos dejan actuar.

Que María de la Merced rompa esas cadenas para que actuemos conforme lo quiere Jesús. Que juntos con María seamos esa nueva familia de los que “escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”.







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