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Tocamos la flauta y ustedes no bailaron, cantamos canciones tristes y no lloraron
Meditación al Evangelio 18 de septiembre de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



La respuesta que da una persona a mi saludo de: “¡Buenos días!”, -no sé si lo dijo en serio o en broma- me deja desconcertado. “¿Qué tienen de bueno?” Y lo toma casi como un insulto porque las noticias que nos están llegando no son como para ponerse a cantar.

Pero, mi saludo sólo era el deseo de que en este día se sintiera bien y se supiera bendecido por el Señor. De repente nos encontramos con personas que todo les parece mal. Si por casualidad se habla bien del país, se adopta una actitud pesimista; si hablamos de todo lo mal que la estamos pasando, se ponen a criticar todas las posiciones. “Contreras” como dice la expresión popular.

Con nada están de acuerdo y qué difícil es entonces entablar una relación y hacer propuestas cuando ya se espera un “no”, rotundo y anticipado, sin analizar las situaciones. Esto sucede con frecuencia en el hogar, en las relaciones de grupos pequeños, pero también en las propuestas a nivel nacional. Antes que analizar, ya estamos diciendo “no”.

A Cristo le pasaba igual y hoy nos descubre su corazón en una confidencia. Ya no haya cómo hacerle: a Juan Bautista lo acusaban de endemoniado porque no comía ni bebía como todos; a Jesús lo tachan de promiscuo por compartir con los pecadores. Sin embargo, Él sigue ofreciendo su mensaje a unos y otros.

Esto me parece sea la mejor propuesta para este día: no depender del qué dirán los demás, sino en conciencia ofrecer nuestro trabajo y nuestra palabra con toda libertad. Analizar las situaciones, no hacerse ilusiones, pero aportar nuestro esfuerzo sincero y leal.

Hacerlo con alegría y esperanza como nos dice Pablo en la primera lectura, basándonos en el gran misterio del amor de Dios que se nos ha manifestado en Cristo hecho hombre. Nuestra esperanza y nuestra fortaleza es Cristo el Señor, ¿quién podrá quitárnoslo? Y si Cristo camina con nosotros, si Cristo trabaja y lucha con nosotros ¿Cuál es nuestra preocupación? Ciertamente habrá sombras, pero ¡Cristo está conmigo!







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