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"Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo"
Meditación al Evangelio 23 de agosto de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Dicen que los buenos cocineros no se ajustan a las recetas, sino a su inspiración y a su sentido de la combinación intuitiva de olores, sabores y colores. Con una buena receta, un cocinero malo obtiene una comida mediocre. A veces por la vida caminamos así: buscando recetas para todo: para ser feliz, para el amor, para ganar dinero y hasta para alcanzar el Reino de los cielos.

Y buscamos cuál es el mandamiento más importante, qué es lo mínimo que tenemos que cumplir o cuáles mandamientos nos podemos saltar. Pero, igual que para las recetas, lo importante es el corazón. Hay que amar a plenitud, hay que entregar el corazón y hay que dar toda la vida. No se puede ir con medianías y no se entiende una vida vivida a regateos.

La respuesta de Jesús al doctor de la ley no pretende darle una receta para cumplir un mandamiento, sino darle el espíritu con el que se debe cumplir toda la ley: amor pleno a Dios y amor pleno al prójimo. Igualmente, en la primera lectura. Rut no se conforma con cumplir con la ley y atender “un poco” a su suegra, sino que hace una entrega plena de toda su persona: “No te abandono. A dónde tu vayas, iré yo; donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios”. En una palabra, es amor pleno y entrega sin condiciones.

A veces los cristianos caemos en la tentación de buscar recetas y hacer lo menos posible, alcanzar la felicidad con el menor esfuerzo. Pero Cristo no acepta medianías, pide un amor incondicional, sólo así se puede ser su verdadero discípulo. Hoy también, con un corazón sincero, acerquémonos a Jesús y preguntémosle, no para hacer lo menos posible, sino con toda generosidad: “¿Qué debo hacer, Señor?” Y escuchemos con atención la respuesta que el Señor nos da: “ama con todo tu corazón a Dios y a tus hermanos”.

No son recetas, es dejarse llevar por lo más importante que hay en nuestro corazón, por nuestro deseo de ser amados por Dios y por nuestra capacidad de amar, que es lo que verdaderamente dará sentido y sabor a nuestra vida.







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