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"Tú eres Pedro y yo te daré las llaves del Reino de los cielos"
Meditación al Evangelio 8 de agosto de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Hoy  celebramos a Santo Domingo un santo que insistió en la predicación y en retornar al mandato de Jesús que envía a sus discípulos confiando solamente en la providencia. Hoy se hace más actual por la constante insistencia del Papa Francisco en vivir este mandamiento con una actitud humilde y valiente frente a las acusaciones contra la vida religiosa y consagrada. Reconoce que la primera falta es de los consagrados y nos invita a la conversión diaria hacia el Evangelio.

Sabe que hay maldad en el seno de la Iglesia, aunque también es cierto que los medios de comunicación nos arrojan a la cara cada escándalo que logran descubrir en alguno de los sacerdotes. El evangelio de este día nos aporta una explicación a esta situación tan compleja. Pedro confiesa que Jesús es el Mesías. Se hace portavoz de los discípulos y expone en breve síntesis todo lo que significa Jesús para el discípulo y para la humanidad.

Pero inmediatamente después aparece el rechazo fuerte a la mentalidad de Pedro que se opone al sufrimiento y a la crucifixión de Jesús. Confesión y alabanza; rechazo y condena; aparecen muy unidos en este pasaje, como si quisiera enseñarnos la realidad de cada sacerdote y de cada discípulo de Jesús.

Podremos estar prontos a confesar lo que es Jesús para nuestra vida, podremos hacer profesiones de fe, pero siempre deberemos estar en lucha, constante y diaria, contra las propias inclinaciones y la propia mentalidad. Nuestra confesión se tendrá que hacer realidad en la entrega incondicional por los valores del Reino. Nuestra lucha será constante entre nuestros ideales y la fragilidad humana. Cada cristiano tendrá esta lucha sin cuartel y cada persona consagrada, cada sacerdote la tendrá también.

No podremos excusar a quienes se amparan en la religión para llevar una vida doble, pero tampoco acusar a tantos sacerdotes y personas consagradas que viven con entusiasmo y entrega su vocación y ministerio. Que hoy nuestra oración se haga más fervorosa por nuevos y mejores sacerdotes y los apoyemos y animemos en su misión.

Santo Domingo de nuevos impulsos a la vida sacerdotal y consagrada. Una palabra de aliento, de felicitación y mi oración para todos los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos comprometidos.







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