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"Mi hija acaba de morir; pero ven tú y volverá a vivir"
Meditación al Evangelio 8 de julio de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Si pudiéramos mirar el corazón de cada uno de los personajes de este relato podríamos  apreciar mucho más lo que significa este acontecimiento. Un hombre importante que es presentado como jefe de la sinagoga es quien se postra ante Jesús y suplica por la vida de su niña.

Es la misma postura que asumirían muchísimos padres de familia que sienten que su niña o su niño están perdiendo la vida. ¿Qué siente un padre cuando ve que la vida de su hija se ha perdido cuando apenas iniciaba? ¿Cuánto sufren los padres al ver a sus hijos o hijas que se están perdiendo y que están acabando con sus vidas? El dolor y la angustia de muchos padres hoy los lleva a buscar soluciones en muchas partes, pero frecuentemente lejos de Jesús quien tiene una respuesta a su necesidad.

Jesús es fuente de vida, de salud y de dignidad. Toda persona que se acerca a Él, que es tocada por Él, tiene nueva vida y puede encontrar la felicidad, la alegría y nuevas fuerzas para enfrentar la vida. Muy unida a la acción de este padre de familia y mientras van de camino, aparece en escena otra mujer igualmente amenazada e igualmente tenida por desdichada. Un flujo de sangre, según la mentalidad judía, no solamente era una enfermedad dolorosa y penosa, sino también acarreaba impureza y separación.

Ahora es ella directamente quien toma la iniciativa. La que debía estar separada se arriesga a tocar a la santidad y obtiene el milagro. ¿Jesús rechaza? De ninguna manera, todo lo contrario: anima, consuela y salva. Dos mujeres que aparecen como condenadas por las estructuras religiosas y que están al borde de la perdición, son rescatadas, valoradas y dignificadas por Jesús. Así es Jesús: siempre buscó la vida del pequeño y del despreciado. Así nos enseña hoy también que tenemos que actuar todos sus discípulos. Nos queda un gran cuestionamiento en relación con el puesto y dignidad de la mujer.

Todos, teóricamente, decimos que hay igualdad de géneros, pero encontramos graves discriminaciones en los trabajos, en la sociedad y aún en la misma Iglesia. ¿Cómo actuaría Jesús? ¿Cómo daría vida y dignidad?







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