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Meditación al Evangelio 1 de julio de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Seguir a Jesús es una aventura, la aventura del amor que vale la pena arriesgar. Todos los líderes buscan sus seguidores y les ponen sus condiciones, pero ofrecen grandes recompensas y muchos premios para quienes busquen seguirlos. Jesús es diferente: sus condiciones y sus promesas no se asemejan en nada a las de los líderes o políticos.

La llamada de Jesús es radical. Los que lo siguen han de abandonar todo lo que tienen entre sus manos: unos las redes, otros la mesa de cobros, alguno más la familia y los parientes. Jesús dará una nueva orientación a sus vidas. Los arranca de sus seguridades y los lanza a la existencia de lo impredecible. “El Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza”, es la respuesta que ofrece a quien se ofrece a seguirlo.

Como si le dijera que ahora no tendrá casa que era la institución básica donde el individuo tiene sus raíces, de ella recibe su nombre y su identidad; en ella encuentra ayuda y solidaridad entre los parientes; la casa lo es todo: refugio afectivo, lugar de trabajo, símbolo de la posición social. Ahora Jesús exige romper con la casa y lanzarse a una inseguridad total. Hasta se permite comparar a los animales salvajes que tienen sus madrigueras, pero el Hijo del hombre ni siquiera eso tiene. ¿Cómo seguirlo?  Sí, para seguirlo se requiere un compromiso total y radical.

Se tiene que sustentar la vida sobre una fe y una libertad capaz de romper con todo y con todos; se tendrá que tener una disposición siempre y en todo momento; no admiten esperas ni dilaciones; y se manifiesta en un servicio completo para los demás. Algunos piensan que cuando dice que deje que los muertos entierren a sus muertos, Jesús resalta la importancia del Reino; otros en cambio, piensan que “los muertos” y sus pertenencias, se refieren a una ley que ha caducado y a una estructura que lleva en su seno la muerte.

Jesús ofrece nueva vida, pero exige una total entrega. ¿Cómo estamos nosotros siguiendo a Jesús? ¿Somos radicales al dejar las cosas que traemos entre manos? ¿Estamos dispuestos a abandonar toda estructura de muerte? ¿Qué le respondemos a Jesús?







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