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"Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido"
Meditación al Evangelio 28 de junio de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Para expresar el amor, se ha usado un signo: el corazón, que refleja ese deseo de todo hombre: amar y ser amado. Por eso este día al celebrar el amor de Jesús lo hacemos contemplando el “Sagrado Corazón de Jesús”.

Todo el mensaje, actividad y tarea de Jesús, están  basados en el amor. Los evangelios no dicen la palabra corazón, pero usan expresiones que nos la dan a entender: constantemente Jesús “se compadece”, “se conmueve en su interior”, “le duelen las entrañas”. Y no es el burdo “sentir lástima” o decir “pobrecito” paternalista y encubridor de injusticias, sino es el poner el corazón junto al corazón del otro, es vivir su misma tragedia y es unirse a quien está en desgracia para superar las estructuras injustas.

Los evangelios son la revelación de la ternura entrañable de Dios, una ternura que se hace concreta y manifiesta en el corazón palpitante y acogedor de Jesús: un corazón sensible, capaz de ternura solidaria, de compasión,  benevolencia y de amistad gratuita para todos los seres humanos pero de manera preferencial para los excluidos y más débiles. En Jesús, Dios ha visitado a su pueblo.

Toda su vida compartida a través de su mensaje y de sus milagros, es un signo de la llegada del Reino: la misericordia entrañable restituye la plenitud humana a los excluidos. Dios se manifiesta en Jesús devolviendo el rostro humano a una sociedad desfigurada. En la medida en que esta sociedad se acerca al Dios de la ternura, se transforma y humaniza, encuentra su verdadera identidad. La ternura representa la práctica amorosa y entrañable de Jesús, su empatía y simpatía con, por y para el que sufre.

La ternura es la envoltura del amor, el clima de atención y la manifestación afectiva indispensable para que el amor pueda manifestarse en toda su profundidad. Es sorprendente que todos los excluidos, leprosos, pecadores y olvidados, sean los interlocutores y beneficiarios de su ternura entrañable. Podríamos decir que la ternura de Jesús es una “ternura profética” que es la verdadera práctica de la misericordia.

Practicar la misericordia no es sólo cuestión de abrazos apresurados y faltos de compromiso. Es la decisión comprometida, afectiva y efectiva, de transformar las situaciones y las relaciones equivocadas. Es poner siempre en primer lugar la vida y dignidad sobre todo de los más necesitados. Corazón, ternura, amor. Así es Jesús.







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