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"Por sus frutos ustedes los conocerán"
Meditación al Evangelio 26 de junio de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



El Papa Francisco con sus reflexiones día a día nos llama a vivir plenamente el evangelio. Una de sus insistencias es la coherencia entre lo que decimos creer y la vida que vivimos. La acusación que hace la sociedad a los seguidores de Jesús es que no viven lo que predican. Se predica bondad y justicia, pero en la práctica no se ven los frutos.

Es una historia antigua y que se renueva constantemente. Con dos imágenes igualmente impactantes, Cristo pretende sacudir la conciencia de sus discípulos y prevenirlos de caer en esta dicotomía: el disfraz y los frutos. La imagen más bella y apreciada que conocían los israelitas era la del profeta: era quien hablaba en nombre de Dios, el que estaba cercano a las necesidades del pueblo, el que urgía a discernir los caminos de la verdad y de la justicia.

Sin embargo, también esta imagen se puede utilizar como un disfraz del lobo que busca no tanto decir la Palabra de Dios, sino la propia palabra; apariencia de profeta que no busca el bien de los necesitados, sino su propio provecho… y utilizando “el disfraz” de profeta, cuando no es más que un lobo rapaz. Y Jesús condena esta actitud y previene a sus discípulos para no caer en ella y también para no ser víctima de estos falsos profetas.

La otra imagen se refiere a las consecuencias: con una insistencia machacona en este pequeño pasaje hasta siete veces aparece la palabra “frutos”. Y aquí es donde nos tenemos que detener nosotros como discípulos. Aparecida presenta la incongruencia de países de una mayoría cristiana, ya católica, ya protestante, con una injusticia insultante, unas estructuras de corrupción y mentira, y diferencias abismales en la posesión de los bienes. ¿Qué frutos estamos dando nosotros? ¿Ha fallado la Palabra de Dios? Nos hemos conformado con apariencia de Palabra de Dios y nos hemos quedado con el barniz de cristianos, sin vivir el Evangelio en toda su profundidad y consecuencias.

Cuando se utiliza la religión para el provecho de unos cuantos, no se puede dar buenos frutos; cuando se escuda en el evangelio para los propios intereses, aparecen la mentira, la corrupción, la injusticia… la solución no es abandonar a Cristo y su Evangelio como si no fueran capaces de transformar la sociedad. La solución es tomarlo en serio, vivirlo en profundidad y adoptar una actitud de conversión y renovación, para vivir con coherencia nuestra fe.







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