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"Tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará"
Meditación al Evangelio 19 de junio de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Hay una frase de nuestro pueblo que me encanta y que desgraciadamente se va perdiendo poco a poco: “Dios te lo pague”. Y no se trata de que no queramos ser justos en pagar nuestras deudas, sino que es una especie de agradecimiento que no se contenta con los pagos materiales e implora la bendición de Dios para quien ha dado con alegría, como dice el Apóstol Pablo.

Pero ahora parece que ya no tiene importancia esta bendición. Nos interesan las recompensas contantes y sonantes; y se pueden pregonar a los cuatro vientos, mucho mejor. Hay que publicar y publicitar, que todo mundo se dé cuenta de lo generosos y buenos que somos. Hemos llegado a una época y a una situación en que parece que importa más la apariencia  que el ser.

Las grandes empresas han entendido que en su interior el hombre se siente muy satisfecho cuando es alagado y reconocido y han lanzado todas sus baterías para que hombres y mujeres encuentren “apariencia de felicidad” en las cosas externas. Ya no importa lo que hay de verdad en el corazón sino lo que aparece. Jesús desenmascara a los fariseos que buscaban su prestigio en obras aparentemente buenas: oración, ayuno y limosna, pero con el afán de recibir un reconocimiento de los hombres.

Así desvirtúan toda la obra y pierde su sentido y su valor. Debemos preguntarnos cada uno de nosotros si no hemos caído también en esta trampa. Es muy atrayente recibir el reconocimiento y hacer las cosas porque las vea la gente. Y no sólo las cosas buenas, también las malas acciones en este mundo tan desquiciado se hacen por prestigio y reconocimiento.

Habría que examinarnos muy seriamente en nuestro interior cuáles son los verdaderos intereses para actuar como lo hacemos. Bastará que miremos cómo nos afecta el qué dirán, o cómo nos desanimamos cuando los demás critican lo que según nosotros era bueno. Muchas tristezas provienen del juicio que los demás hacen de nosotros. Hoy Jesús nos invita a que “desenmascarados” nos presentemos ante nuestro Padre Celestial. ¿Cómo nos mira este Padre Bueno? ¿Cómo nos sentimos delante de Él?







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