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"El Hijo del hombre tiene que ser levantado"
Meditación al Evangelio 3 de mayo de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



La fiesta de la Santa Cruz tiene en México un sentido muy especial con muy variados y bellos significados: unidos por un lado a los trabajadores de la construcción, a la protección de los lugares, y también, sobre todo en las comunidades indígenas, a la ecología y al cuidado de los nacimientos del agua. ¿Relación casual entre Cristo-Cruz fuente de vida y los lugares especiales donde brota el agua? Sin agua no puede vivir el pueblo, sin Cristo no tiene una verdadera vida.

La religiosidad popular está estrechamente ligada a la cruz y sin cruz no se puede entender todo el movimiento que le lleva a encontrar caminos de vida. La cruz es signo e instrumento de nuestra salvación. Muchos han tratado de suprimirla de los lugares públicos como si fuera ofensa para quienes dicen no ser católicos. 

Si la cruz se presenta como conquista e imposición, como signo de prepotencia, tendrán toda la razón quienes se oponen. Pero si la cruz se presenta como el mismo Jesús que se inmola y se entrega por amor a todos, tiene el sentido de oferta de salvación y de apertura a las diferentes maneras de pensar. Si pensamos en Cristo crucificado, recibiendo más insultos e improperios que adoración o súplicas, y que a pesar de eso ofrece su perdón y su salvación, podremos entender el verdadero significado de la cruz, la cruz como el camino para la resurrección.

Nunca debe significar la cruz imposición o  sometimiento de los hermanos, nunca será motivo de chantajes o sabotajes, porque la cruz de Jesús siempre será fuente de vida y reconciliación. Cuando Jesús nos invita a seguirlo pone la premisa de negarse a sí mismo, cargar la cruz y solamente después emprender su seguimiento.

Hoy contemplemos a Jesús en lo alto de la cruz, escuchemos sus últimas palabras dirigidas al Padre; después contemplemos nuestra vida y nuestro mundo, tan alejados del verdadero sentido de esa cruz de Jesús y despertemos en nosotros el deseo de seguir a Jesús. Claro, ya lo sabemos, que tendremos que negarnos a nosotros mismos, dejar el egoísmo, asumir con agrado la cruz que Jesús nos ofrece y después emprender su seguimiento.







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