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"¿No es éste el hijo del carpintero?"
Meditación al Evangelio 1 de mayo de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



El mundo entero atraviesa una grave crisis económica y sus manifestaciones comienzan con el desempleo y la falta de recursos. Las noticias tanto a nivel nacional como internacional, parecen desalentadoras. La fiesta de San José Obrero nos lleva a reflexionar en el verdadero sentido y dignidad del trabajo.

La crisis se presenta porque se ha trastocado el verdadero sentido de las posesiones, porque se ha despreciado la dignidad de la persona y se le ha convertido en una tuerca más dentro del engranaje del capitalismo. Se le denigra, se le utiliza y, cuando ya no es útil, se le deshecha. Así nos encontramos en este momento crítico por falta de empleos pues cuando alguien no trabaja no sólo sufre porque no tiene pan y los medios para subsistir, sino porque también se pierde el sentido y la motivación para enfrentar la vida.

Ya lo decía el Papa Francisco cuando aún era cardenal: “no es sólo comer, es también el sentirse útil, el sentirse persona”.  Vamos cayendo sin siquiera darnos cuenta en un círculo vicioso: cada día se hace con menos aprecio el trabajo y solamente por el dinero pues casi siempre se consideran injustos los salarios que se pagan; y cada día se explota más al trabajador tratando de pagarle menos.

El trabajo, ya pesado de por sí, se torna más difícil y menos gratificante. Y por otra parte se desplazan y dejan de “utilizarse” brazos, mentes y fuerzas que no interesan a los grandes capitales. Se pierde el trabajo y con frecuencia también la dignidad.

No es costeable realizar las tareas del campo, las obras de arte o las artesianas porque no dan ni siquiera para comer. Cristo vivió del trabajo de sus manos. San José, por los pocos datos que tenemos, también fue un trabajador, obrero, que enseñó a Jesús.

Que en este día nuestra lucha se encamine a la recuperación de la dignidad del obrero, a una búsqueda de un salario y unas condiciones dignas; que también cada uno de nosotros se sienta responsable de seguir cuidando y mejorando, por nuestros trabajos, la encomienda que nos ha dejado Dios creador, de perfeccionar y cuidar nuestro mundo. ¿Cómo me siento yo en mi trabajo? ¿Colaborador de Dios? ¿Soy inútil o perezoso? ¿Qué podemos hacer para mejorar las condiciones de trabajo?







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