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"No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores"
Meditación al Evangelio 9 de marzo de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Cuando nos imaginamos a Jesús, con frecuencia lo hacemos a partir de las palabras que hoy hemos escuchado… pero una cosa es imaginarlo y otra muy diferente vivirlo. He encontrado personas que son durísimas con quien ha cometido una ofensa. Es más, le niegan la palabra, le obstaculizan el camino y le dificultan una conversión.

La condenan de por vida porque se equivocó. Somos modernos fariseos y escribas que nos atribuimos derechos para juzgar y condenar mucho más estrictamente que Dios… Pero cuando nos toca nuestra parte, ya las cosas son distintas: nos disculpamos, nos justificamos y no reconocemos nuestros errores.

Sin embargo, también he encontrado personas que habiendo recibido una educación religiosa, se imaginan a Jesús como un juez justiciero que está pendiente de nuestros errores para condenarnos y enviarnos al infierno. Hoy se nos presenta el verdadero rostro de Jesús: dialogando en torno a una mesa con los que son considerados peligrosos pecadores que pueden contaminar a la sociedad. Y ahí está Jesús, tranquilamente compartiendo el bocado de los alimentos y el alimento de la palabra.

¿Qué platicaría? No lo sé, pero me imagino que más allá de las palabras está la bella actitud de quien acoge, de quien comprende y acepta, antes de condenar. Es tiempo de cuaresma y es tiempo de descubrir a Jesús, y una forma de hacerlo es compartir con Él el alimento y la palabra. ¿Por qué no nos acercamos a Él y le abrimos el corazón sin temores descubriéndole nuestras heridas, nuestras podredumbres y nuestros errores? No tengamos miedo… para eso ha venido: para sanarnos y para entendernos. Claro que no debemos tomar la actitud cínica e hipócrita de quien se acerca a Jesús para seguir pecando.

Él entiende nuestras debilidades, pero su amor nos impulsa a luchar contra nuestras caídas y pecados. También convendría que en esta cuaresma nos tornáramos más tolerantes y comprensivos con quien se ha equivocado, más dispuestos al perdón y a la reconciliación. Jesús, que en torno a una mesa reconstruyes el corazón de los enfermos y heridos, sana mi corazón tan necesitado de tu amor.



Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:




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